chocolate crash chronicle




Mis manos tiritaban al contacto que tomaban las tuyas. Todo iba quedando atrás, como comiquitas viejas mal sintonizadas una tarde de domingo en la montaña. El aire frío golpetea tus cabellos al momento que sacabas la mitad del cuerpo por la ventana sonriente, etérea, víctima del vodka y la euforia de la madrugada tornasol. Te sostenía fuerte al momento en el cual pisabas a las otras 4 personas, apiladas y borrachas la parte trasera de un hiunday amarillo con vidrios ahumados en donde patinaban las estrellas y todas las farolas y semáforos de la autopista vía Ejido.

Lanzaste el teléfono por la ventana, mientras gritabas alguna frase inteligible de los Strokes. Tu amiga, la que vive en la pedregosa. con sus enormes lentes de sol de borde rosa Barbie y vidrio tipo espejo también saca medio cuerpo por la ventana mientras decide comerse el amanecer, la ondulación batiente de cabello mas hermosa que pudo haberse visto de aquí a Neptuno.

El estadio metropolitano, imponente se mueve como si las luces, vivas; histéricas refulgentes quisieran devorarnos y luego volvernos a escupir hechos florituras fosforescentes sobre la carretera. Eras una gelatina verde, una pintura romántica amante de los girasoles y el sexo agresivo sobre la mesa del comedor.  El chofer mira por el retrovisor, y las manda a meterse dentro del automóvil, más adelante hay alcabala y vamos volando sobre el alba. El chamo que conocimos esa noche mancha su camisa de los MGMT con sangría. Estamos vivos, Maldita sea.

Sostengo tus alas al momento en el que enciendes un Vogue. Sonrío de forma aérea, como un río de euforia metido en media caja de tachipirin. Susurro en tus oídos, casi tragándome tus zarcillos en formas de dominós, que nunca olvides este momento. Suena The Verónicas a todo volumen. Te abrazo, como jamás pude haberlo hecho, acariciado las marcas de autoflagelación en tu vientre.

La Cuesta del ciego. El elevado más peligroso de la ciudad. Creo que al menos algunos aquí saben cómo se siente que se te levanten las dos ruedas delanteras a toda velocidad en la autopista. Es como flotar suavemente 5 segundos antes de que todo se valla al infierno. nos volcamos sobre el tazón de sopa más desnivelado de las vías merideñas. Todo gira 45 grados,  he intentas divisar el infinito en la oscuridad. Esos instantes que tienes para pensar y grabarte esa última imagen de lo que fue toda tu vida, hasta este momento la desperdicio entre el aroma de nuca.

Mis manos tiritaban al contacto que tomaban las tuyas. El metal cruje contra el pavimento revestido, lleno de chispas y fantasmas. Un hilo de sangre en mi frente y una fractura de omoplato. Pregunto a gritos y tosiendo entre el humo, si todos están bien. Los consientes responden que sí. La realidad es como sobresaturar de gamas y matices el momento en el que me besas arrodillada, frente a mi limpiándome la sangre de la cara y los lentes y deseas por sobre todas las cosas no haber perdido tu teléfono, para que ahora entre risas nerviosas y lágrimas de rímel azul llamases al puto 171. 

Estamos Vivos. Eso es lo que importa ahora.



5 comentarios:

Damian dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Đαмιαn dijo...

No joa, mas fino i me mato

Destructor de Mentiras. dijo...

Ayyyyy chaaaaaaamo....

fino fino

nadie esta grave?

Amapola... dijo...

Estamos vivos...

Aunque a veces no me lo parezca...

Maldita sea...

Beshos!

Maily Sequera dijo...

a tu blog, tengo que quitarle la música o todo se pone demasiado psicodélico. tu idea, mi idea, mas tu selección musical y lo que pasa en el resto de las pestañas del firefox es demasiado.
este es bueno, otra vez. lo ví(ví)