La Última Balada de Babilonia (Paranoia Love)



Me pongo el tapabocas y me voy a cargar mercancía china un sábado en la mañana.

Las puertas del Trolebús se cierran lentamente, va full y quien tosa bajo la mascara, genera un cráter a su alredor. Viajamos en una lata de sardinas que recicla el oxígeno con su aire acondicionado. La gente en los centros clínicos se apiña nerviosa y cuando avisan que las vacunas se terminan y solo los carnetizados serán surtidos; arde pero es Troya, donde de broma y no queman caucho dentro de la institución. Las entradas del estado están monitoreadas. En las calles sabemos, que antes de las ferias se habían reportado casos, pero para no impedir el flujo de billete la Administración pública, no paró la rumba. Y viejo, lo negaron hasta la muerte de algunos pacientes en cuarentena, sabiendo que por cada infectado, hay que contar cinco que lo acompañan en promedio.

En la mercancía asiática, viene opio de contrabando. Los que compartíamos almuerzo con jóvenes de los bajos suburbios beijíneses, lo sabemos, cuando nos negamos a compartir sus pipas en los galpones a veces solo iluminados por velas artificiales pegadas en los extremos de los altares a sus dioses del dinero. En los próximos cinco años se pondrá de moda la heroína, entre los caprichos más costosos de la clase media alta merideña. Me lavo las manos en un baño publico. Con alarma epidemiológica, lavarse las manos, es creer ciegamente en un dios antibacterial.

Me llama Sebastian desde Caracas a las cuatro de la tarde. Dice que están en la embajada de Libia manifestando con su colectivo comunista. Escuchan junto con un traductor las últimas noticias del frente en medio oriente. Mi celular se descarga y le digo: Mira marico resume, que cada segundo cuenta, y mi jefes amarillos no creen en nadie. Me expresa que la prensa miente con respecto las cifras. Eso caballero; ocurre desde Ejido hasta Trípoli; contesto. Cuenta, que a esta hora, las clínicas no pueden con tantas personas, civiles, niños, mujeres, inocentes, presas del primer asedio. Y en el mismo momento en que empieza a hablar el pentágono, las baterías antiaéreas apostadas en plazas, casas y avenidas de la capital, disparan metralla Made in Moscú hace treinta años, contra aves supersónicas no tripuladas. Los pueblos levantándose sobre los pueblos, la Yijád, antes de la venida del segundo reino. Le cuelgo triste rezando porque eso nunca pase de este lado del apocalipsis. Aunque ya por acá es bien obvia la estrategia que emplearan estos monstruos, cuando ya no puedan controlarnos usaran lo que nos enferma para someternos. Mérida, como cosa rara, haciendo de probeta para nuestros verdugos.  

Un testigo de Jehová me detiene en la Bolívar; como si se hubiese ganado la lotería. No le acepto sus panfletos, porque no me arriesgo a tomar un pasaporte para la primera clase de Jesucristo por miedo a que este infectado con el virus invisible. En la radio de la buseta dicen que Japón aún usa agua de helada de mar para enfriar su reactor nuclear, que ya occidente puede estar más tranquilo. La radiación liberada solo se dispersará en la atmósfera, y los vientos en esta época del año, apuntan en dirección al tercer mundo.

Quiero hacer un grafitti con letras naranjas que diga:
Take it easy my beautiful world.


No hay jabón antibacterial en las farmacias, por eso mezclo gelatina para cabello con media taza de alcohol en un pote de Menén, teniendo así, exactamente los mismos componentes. Camino por Santa Juana, veredas solitarias y en zozobra. Se va la luz. Un apagón de racionamiento, típico. Ella me espera sentada en una banca de un parque abandonado, con una bufanda morada y un abrigo que combina. Tiene guantes de látex azules y un tapabocas adornado con una pequeña calcomanía. De verdad, no me importó que el mundo se terminara en los próximos 20 minutos; cuando ella me quitó la máscara, y sin paranoia me besó, preguntándome luego, como me había ido con los chinos.





3 comentarios:

destructor de mentiras dijo...

Y pensar que ya no es profecía...

:) Chiken tille. Cuídese ratatuile.

Eskarlata dijo...

Definitivamente el trabajo mejor acabado que le he leído. Bueno Deux eux machina, bueno.

Cariños:
Rakel.

Eskarlata dijo...

Definitivamente el texto mejor acabado que le he leído, lo felicito Sr. Gatopardo. Me agradó leerlo después de tanto tiempo.

Bueno, muy bueno.
Cariños.

Escarlata.
Comme même.
bisous.