Bella Vista



I
Trabajo mejor con salsa brava.
Se acaba el hielo y abollado quiebro dos vasos. El Cartujo, hidráulico me taladra con una resaca oldschool a las doce completas. La jefa en la cocina, desmiembra dos gallinas con un cuchillo de sierra y los lanza a un sartén hirviendo; luego prende un cónsul con las velas rojas que le pone a Santa Barbara. Ruega bajito rascándose las canas, que los prestamistas colombianos laven suficiente dólares negros para que le compren el negocio.

Bella Vista es una colonia Colombiana.
Yo soy el único veneco en cuadras.

II
Sirvo tres sopas y un seco, ya cuando el miércoles nos golpea en el pecho.
Gloria es una bogoteña antipática que trabaja en el seguro al lado de la peluquería. Tiene el cabello amarrado con una cola siempre y unos jeans apretados que le redondean el culo. Su escote hace lo mismo apretando fuerte su busto y dejándolo que se reboce por los bordes de la blusa. Siempre se lo mama al güaro papiado de cyber cafe antes de las diez en baño de damas, son demasiado boletas. Cuando como al final de mi turno, tengo mucho cuidado de no usar sus cubiertos.

III
La Gorda hoy se atrasó tres minutos.
La Gorda siempre come carne tres cuartos; y parece tan nevada por la caspa como el pico esta mañana. Llega a la misma hora todos los días, ojerosa, hinchada, enchavada. Los Medellinenses vienen de a grupos, en beras tuniadas y con radio. Los trato de caballeros mientras hablan de asicariar dirigentes comunales o ratas dillers de clase alta. La única que me dio propina fue Gladys, la transfor del barrio. Sonríe, arqueándome las cejas cuando me pasa el billete. Me dice que la gente es miserable, por pagar con fajos de plata verde un almuerzo y no dar ni cinco bolívares para quien les sirve como una negra de Surinam. Hace calor mientras ardo picando pan detrás de los hornos.

IV
Unos ojos azules de una rubia churra me llaman en la última mesa.
Me habla ronquito costeño, mientras voltiándome la cachucha, miro que tiene un ala de ángel tatuada detrás de la oreja. Cuando recojo sus platos -pechuga en sala de piña- dice que lo disfrutó mucho. La veo en cuatro sobre sabanas de cebra, mordiendo el terciopelo de los cojines azules. La veo de rodillas sobre las baldosas de la ducha llenando de azul los adoquines, mientras traga sin desperdiciar ni una gota. La veo colocándose la lencería negra y diciéndome que si quiere me muestra la cédula para que vea que sus padres le pusieron Raziela, Secreto de Dios.  

V
- Gonorrea dos pesos pal vicio - me dice uno de esos crakeros curtidos que andan soltando puñaladas por la carnicería si los peatones se ponen ñeros con el sencillo. Yo coloco la bolsa con siete kilos de merluza en asfalto y volteándome le digo: - A mí no me hable feo el mio, relaje ese papo y deje quieto al que esta quieto- recojo la bolsa y paro la buseta que me deja frente la tagüara.
-Gamin!- me grita sacándome la navaja.
Salgo a la puerta: -¡Bruja!- pelando los colmillos.
Somos el mismo queso pero rallado.

VI
Sale solomo, lomito, pechuga y merluza; con sopa, jugo y dos contornos.
Hervido de verduras, arvejas, caraotas rojas y sopa de pollo.
Jugo de guayaba, parchita, piña y mandarina.
La salsa sale con las milanesas y es crema de champiñones.
Viene con dos arepitas o tostones. A si, y gelatina de postre.
Los fines de semana, parrilla y comida china.
Trabajamos por encargo también.

Almuerzo Popular en el cerro.
Menú Ejecutivo en las colinas.


VII

"Se solicita muchacho de buena presencia."


VIII
Me huele a caña, tabaco y brea.
Suena Cali desde el reproductor a cassettes que esta donde enrollo los cubiertos.
Recojo los escombros brillantes de los vasos que rompí y los escondo en una bolsa amarilla.
Hoy no me quedare sin sueldo pienso, y los guardo caleta.
Los treinta y dos grados del miércoles me golpean el pecho.
Dejé los siete quilos de merluza en el fregador full de platos, y me puse a servir las pechugas y el solomo tres cuartos de la Gorda. Gloria regresa del baño y va directo a la cocina contoneando las caderas para que los medallos la miren desde las mesas de plástico. La dueña da un jalón al cigarro frente a Santa Bárbara y le dice que me ayude.
- Fresco muñeco, salga de las gaseosas, que yo le recojo las ordenes -
Me dice acariciándome los hombros con sus acrílicas calientes.

Salgo y canto el menú a todos los obreros emigrantes que llegan.
Salgo y canto el menú como si toda mi vida dependiera de ello.

El Cartujo me crucifica apretándome el cerebro y me da ganas de desmayarme.
Entran unos ojos azules que se sientan en la última mesa, mientras Gladys, me pega una nalgada para que me volteé a recibirle la propina.


Ardo, detrás de todo.




1 comentario:

Ginger Miel. dijo...

Fresco muñeco. Que siempre habrá quien le salve el día con propinas.