La Navaja.


Yo no pulo mi trabajo, lo afilo. Lo dejo arisco y mellado para que de cualquier lado corte, duela, incomode. Para que hasta el mango muerda a quienes desprevenidos lo tomen con la arrogancia balurda de un chef australiano. Que buscando un plato medido, sellado y perfecto de mariscosconsoméyvegetales bien minimalista y ordenadamente ornamentado -que valga la pena el precio y la mesa- en su lugar encuentre un par de arepas de pabellón full equipo. Las que se comen con resaca de solera verde y culpa disimulada; cuando la madrugada trae hambre entre sus colmillos y los palmitos poéticos se dañan en la nevera. Me encanta retar a los escritores que se escudan de vacío. Los que vuelven la pajalocayanclóvandame un neobarroquismo sintáctico lleno de anacronismos léxicos que dejan al lenguaje como un anciano que se masturba viendo programas de History Channel. Como si pusiesen a girar un diccionario y con el dedo en mute escogieran las palabras que mejor los disfracen. Que por un momento -como hace la buena cocaína- los haga sentir dueños y señores de un sistema de signos que ahora danza un ballet muy tuki. Evolucionando amorfo y radioactivo sin que nadie pueda hacer nada al respecto. Aquellos que se colocan un pañuelo en la nariz cuando llamo a las putas, “putas” y a la mierda, “mierda” o no se me ocurren onomatopeyas cuchis cuando me arrecho frente a un métrica que se me remixea kamikaze. Para algunos el lenguaje a veces es una hermosa dama aristocrática que en vestidos pomposos pide lluvia en un esperanto complejo. Yo he visto a esa dama también abrir las piernas en una tagüara picúre con cinco tercios y una caja de cigarros Rumba. La he observado abrasar fuertemente una camada de tigres tornasoles, autos veloces, barbechos de camburales o centros comerciales. La he visto en la cama de todos nosotros esperándonos tierna y sincera para que durmamos en su centro. Y cuando logras mirarla sin ninguna clase de moral, complejos o juicios de valor, realmente es el ser más auténtico y hermoso con el que puedas encontrarte antes de saltar - completamente emplumado- al abismo.



1 comentario:

Susan Urich dijo...

Para algunos el lenguaje no es más que otro método para ponerse la máscara. La lengua es puta, y santa, cuánta razón llevas. Un abrazote.