Bitácora Narrativa: Sobre la creación de Camila


Pienso que una de las tareas más difíciles de un narrador es crear un personaje. La mayoría de los que aparecen en este blog, son retratos completos de situaciones y seres reales. Su referente es pleno, camina y respira fuera de mi alcance y poder como escritor. Yo simplemente realizo un par de ejercicios de pintura. Un registro afanoso que consta en dibujar varias veces el mismo rostro, en una itinerante persecución de la metamorfosis de la ciudad diurna y carnívora, con sus perros mendigando en la calle del hambre, con las recurrentes las caras del trago y la plaza, sus crónicas sobre  travestis martillando felaciones a los malandros en los teléfonos públicos por la madrugada, más el diario devenir de los chinos misántropos para los que trabajo y los hermosos cortometrajes protagonizados por la gente buena y trabajadora de los barrios, harta de la basura, el maltrato y de los disturbios cotidianos hasta el techo de antimotines. 




Estas últimas semanas, me planteé la creación de mi primer personaje. 

Tomando una extraña sensación que me hacen apretar la mandíbula mientras duermo intranquilo y mezclándola luego con tierra negra y agua de lluvia, hice una escultura a la que luego le di vida con las palabras. De allí salió cubierta de barro una jovencita de catorce años llamada Camila. Ella será la protagonista del cuento más largo que he escrito hasta ahora y espero que en par de años esté en las manos de quienes le guste mi narrativa. Lo más extraño de crear un personaje es la primera contemplación, cuando al terminarlo te sientes observado por el. Es una cuestión mágica. Cuando Camila despertó, me miró con la nobleza de un felino antiguo (bestia hermosa y oscura) comprendiendo de inmediato cada uno de mis movimientos.



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*Foto de Laura Makabresku.



2 comentarios:

Anónimo dijo...
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