Expreso Flamingo

 
Yessica dormía escarchada en el puesto diecinueve del expreso Flamingo. Quité lentamente el cabello de sus sienes y dibujé noventa y cinco mapamundis entorno a su rostro y periferias. Eso sí, delicadamente. Como quien pinta un mándala gigante y hermoso con neón y arena para luego borrarlo con las manos. Sus labios se tornasolaban con la poca luz que se sumergía angular tras cortinas rojas; vibrantes ante el inquieto ronroneo del aire acondicionado. Todos dormían cuando la misma luz trazó el camino por su frente y gatuna abrió lentamente los ojos. Detuvo los doscientos quilómetros que el búscama recorría por hora sobre la autopista. Detuvo a los garzones solados que sobrevolaban arrozales los bordes del camino. Desbarató en el aire, él bululú de loros escandalosos picoteando palos cerca del rio. Detuvo la carrera de Abril sobre la sabana. Paró la lluvia que moteaban los bucares. Ella lo detuvo todo, cuando sonrió grandote y me susurró los buenos días bien de cerquita, apretando su bufanda verde de rallas al cuello y mordiéndose nerviosa el labio inferior con sus dientes brequeados en morado.

Con fuerza la monté sobre mí para que viera el espectáculo del universo por la ventana. Con mis manos en su cintura, refresco frases hindús traslucidas y lejanas como una película vieja. Normas universales, edictos para el destino. Una de esas máximas reza, que al tomar a una mujer por su cintura mirándola directamente a los ojos -como espejos de agua- te grabarías en sus recuerdos con su permiso interno.

Yessica luego de rasguñar suavemente los extremos de mí nuca volviéndome a preguntar mi nombre y apellido por quinta vez, no se dio cuenta de que efectivamente eso hice; aferrándome a su eternidad entre los declives de su espalda. Abrimos la ventana y un disco solar giraba vertiginoso con hambre de espacio a lo largo de la llanura venezolana.

El cielo parecía bombardeado en tinta.
Un atlántico de tempera esperando caer sobre nosotros.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Es increíble como podemos reflejarnos en historias tan parecidas, que nos suceden o acaban de suceder.