No llores por Amuay, Candelaria.





Santa Virgen de la Candelaria
aturde y dispersa el fuego ennegrecido que hiela el cielo
como un jaguar asesino corriendo por todas las estepas de la península
 hasta que desaparezca blanco, a los bordes de nuestros espiritus.

Y no llores por Amuay, dama bendita
como lo hacemos todos desde nuestros centros quebrados
      cubiertos de arena y ceniza
cubiertos con la sangre negra que brota de la tierra
de la sangre negra que ahora se cobra con la nuestra.

No llores por Amuay, mujer de la alba
y cubre con tu manto el luto de las playas
de las gentes
de quienes perdieron todo
entre los colmillos expansivos de la noche.

Falcón, por favor resiste
como un fénix de coral renaciendo entre las llamas
provocadas por la negligencia de nuestra infinita arrogancia.

Has que todos cerremos nuestras bocas
     -curtidas con la basura del odio-
y seamos juntos más brazos que hombres
forzando ajuro a ser brillante la aurora.

Santa Virgen de la Candelaria
cuídanos de la tragedias inimaginables
del agua, del fuego, de la violencia absoluta

            y no llores más por Amuay
                       reina del cielo

porque sé que también detestas como yo
cuando Dios nos ablanda
el corazón a coñazos.









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