Jenna Jameson y la Esfinge




El viejo Junnior subastaba las Playboys del noventa y ocho  a las dos y cuarto de la tarde, cuando estaba a punto de cerrar el quiosco y el sol hervía en el cielo lleno de zamuros. Una grupo de hombres adultos, ancianos y jóvenes, cubiertos de tizne o cemento estaban sentados cómodamente en la acera. Abrían de par en par las revistas con los ojos tan grandes como platos. Yo conversaba con Marcelo, un anciano semi-pelón que con los pocos remanentes de cabello que le quedaban, se hacia una cola de cabello canosa que caían sobre la guayabera azul.


-Pamela Anderson, eso si que es una mujer, chamo. La Babywach- 

Me decía abriéndole un hueco con sus sucias uñas a un largo pan canilla para luego vaciarle en el interior una Coca-Cola de lata. – quien no quisiera tener, una mujer como Pamela, que le de a uno lo suyo todas las noches- dijo absorto mientras miraba entre un montón de arbustos de cayena tapizados por bolsas negras de basura rebullentes en moscas. Yo no le contesté nada, abrí mi lata de Frescolita. Llevo más o menos de cuatro días con el mismo dolor de cabeza. Como si una maldita araña mutante se me hubiese metido en el oído mientras dormía y me hubiese puesto una camada de huevos en el hemisferio derecho del cerebro. Recuerdo las ultimas fotos que me enviaste desnuda al correo. Son el mejor analgésico que pueda existir en el mundo. Doy un sorbo a la lata. De repente se forma una trifulca de padre y señor nuestro. Un chamín que trabaja pegando bloques en lo que será un nuevo almacén chino se disputa una revista -donde la portada es Jenna Jameson agarrándose las tetas- con un indigente colombiano perteneciente a la recientemente abierta “brigada de Amador” que recluta gente en situación de calle para que barran y limpien las calles por comida y cobijo. Estaban a punto de irse a las manos, cuando otro borrachito de temple alegre y acento tachirense se levanta y dice: 

- Se quedará con la revista; es más y con las mías, aquel que me responda estas adivinanzas. Si son todos caballeros, cultos, e inteligentes aceptaran el reto. Es más, les daré las mías también- y levanta sus revistas -Y a los que le pueda interesar también tengo esto- y rebuscando en su mugriento paltó saca una bolsita con picadillo de marihuana. Todos discuten entre gritos la propuesta del latero.

-¡Dale pues Cachafloja!- grita el Viejo Junnior - ¡tíratelas de Eladio Lares pues!- 

Todos los malditos, hacemos silencio absoluto. El hombre a pesar de su indigencia, se nota, por su manera de hablar que en algún pasado fue alguien muy culto. Que seguro por la bohemia y las drogas termino en la calle, no va a estar fácil. Sonrío. Esta me las ganó  antes de cumplir el turno de almuerzo para entrar a trabajar otra vez en el almacén.

-¿Que reina antigua perdió todo su imperio en una noche de pasión con un capitán romano?-

Todos pensaron por breves segundos.

-¡Cleopatra!- grite después de dar un sorbo a la Frescolita.

-¡muy bien muy bien!- dijo el borracho, mientras se agachaba haciendo una reverencia y aplaudía tres veces. –Primera de tres. Va la siguiente- Todos me miraron con odio.

-¿Cual es el nombre de la constelación, que con tres estrellas forma el cinturón de un dios?-
Todos se arrechan y lo abuchean. 

-¡Quien mierda va saber eso!- es el grito general.

- ¡El Cinturón de Orión!- respondo con una seguridad implacable. 

-¡Ajá! ¡Hay un sabio entre nosotros!- dice el hombre con un tono místico- solo queda una pregunta. Si alguien la responde, habrá otra ronda, pero si el cabezón aquel vuelve a responder se lleva todo. Lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava.-  Todos hacemos silencio. De seguro esta será la pregunta más difícil. 

-Albert Einstein…- comienza.

Todos gritan, abuchean y lanzan latas al carajo apenas comienza para detenerlo.

-¡¡Sssssssshhhhh!! Shhhhhh!! ¡Albert Einstein!- grita el interrogador – para callar a los hombres artos de tanta preguntadera. –Albert Einstein, como es bien sabido, invento la ley de la relatividad…- Continuó, ya cuando todos se cansaron de pitarlo. – Esta ley es sobre la que se explica el universo, ¿Cual es la ley?- pregunta mirándolos a todos, escrutándolos con sus ojos saltones y rojos.

Yo coloco la lata en el suelo. 

-E es igual a Mc al cuadrado- contesto sobrado y sonriendo. 

-¡¡¡Bravooo!!!- grita el hombre – ¡tenemos un ganador de las sesentaicuatro mil millones de lochas! – Y mientras hace la música fanfarria de Venevision y aplaude con fuerza, me comienza a pasar las revistas. La de Jenna Jameson, las de él, y otra que nadie había querido porque las mujeres estaban demasiado peludas. También, me pasa la moña de monte. Todos reniegan antes de volver irse a trabajar y siguen truequeando cucas, tetas y culos ahora arrancando las páginas para ahorrar trabajo.


Dos y treinta y cinco minutos.
Le paso la moña de picadillo a Marcelo. 

-¿Chamo, y tu que es lo que estudias? – me interroga.

- Letras- contesto indiferente, mientras me pierdo en los ojos de Jenna.

-Coño, entonces si te a servido para algo viejo- y enroló en una hoja de revista (donde se veía una vagina muy grande) el monte ligado. Y luego de encenderlo miró otra vez como hipnotizado por las moscas azules, a los arbustos de cayenas tapizados de basura. 




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