Raspado de Lechosa


El raspado de hoy salió premiado con larvas de lechosa y se lo regale a Mortadelo al final de su acto. El hombre es un viejo que hace trucos con naipes pornográficos sobre una mesa plegable en el viaducto Campo Elías. Es un tipo bien particular, porque solo rasura la mitad de su cara. En el extremo derecho de facciones, una espesa barba blanca se enmaraña milenaria full de piojos y su circo. mientras la gente se dispersaba alguien me toca el hombro y me dice: -Yo no trabajo que trabajen los burros. Yo no trabajo que trabajen los burros. Yo no trabajo que trabajen los burros- y me extiende la mano esperando limosna. se trata de un muchacho en muletas con una cicatriz enorme en la mollera parte de una lobotomía cabilla que seguro le voló un sesenta por ciento de su masa encefálica. Su cabeza se hunde y se abolla ennegrecida. Enciende la pipa, quema aluminio y piedra azulada. Le entrego cinco bolívares falsos y le digo: -coño marico, no te fundas la otra mitad de tu mente, es lo único que te queda.- y me voy por el hombrillo del puente. 

Detesto cuando dicen que escribo realismo sucio. Me siento como un purista católico hablando de putas y pistolas cuando la cebada de la solera verde lo seduce intranquilo. Siento que creen que me parece hermosa la manera en que la juventud acaba con su vida pagando veinticinco bolos por bicarbonato y acetona pensando que es buen perico. Ciegos de fe, rezando en que entre la nota del pan con queso les bajé a la virgen maría desnuda a sacarlos volando de sus ranchos de ladrillo. 75 bolos cuenta una bala en milímetros para cualquier calce. 75 bolos multiplicado por quinte o veinte disparos ajuntares de cuentas da para comprar dieciocho pollos y suficiente arroz, mayonesa y leche para comer dos meses. A los escritores es natural que no nos gusten los números. Pero compadre, a mí jamás me habían dolido tanto las matemáticas. Mucha sangre sobre tan poco dígito. 


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