Apalusas


                                                                                                                       A Rebeca 
Narváez. 

Sé que con los años mujer 
solo he sabido sacarle filo a las memorias
guardándome mis soledades
en la parte de atrás de mi mandíbula.

tú me abrazabas cada noche
como se abraza a un perro salvaje de la nieve
diciéndome que todo estaría bien
mientras pieza a pieza ensamblabas
el reloj de cuerda
que va dentro de mi costillas.

Cuando llegue el invierno y parta a la guerra mujer
recuerda esos días en que tome toda la luz de la llanura
y colocándola suavemente dentro de un manojo de lirios blancos
te pedí que te quedaras conmigo el resto de nuestros días.

Piensa en que fuimos un incendio de arena
sobre las antiguas tierras baldías
donde los huesos de nuestros ancestros
fueron la sal que lo devoró todo.

Cuando te miro a los ojos mujer
en mi pecho revientan a correr dos colosales apalusas
que se van volviendo tormenta
mientras avanzan por la sabana.

Corren por los bordes eternos que cimentan el mundo
buscando a los dos pardos caballos turcos
que al mirarme directamente
se te escaparon a ti de los ojos.

Corren violentos sobre un océano de hielo
hasta llegar a esos impenetrables desiertos olvidados
donde los nómadas señores de los caballos
nunca lograrán atraparlos.

Sé que con los años mujer
no solo he sabido sacarle filo a mis memorias
sino también a veces
logré cortarte con ellas.

Por eso antes de que llegue el invierno y parta a la guerra
déjame abrazarte por esta noche
como quien abraza a un cervatillo nevado de las cordilleras
déjame decirte que todo estará bien
mientras guardo a la aurora boreal
 en ese relicario plateado
que va dentro de tu pecho.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando eres dulce dan ganas de llorar de amor y melancolía
Te sigo leyendo, enamorada y en silencio

Anónimo dijo...

"YO TE HICE. Tu voz existe porque la he callado. Tu cuerpo es la ruin hiedra arrancada de mi vientre. Tus ojos son ciegos, porque ya no los miro.

Te hice. Así de simple. En nada difieres de mis textos. Eres uno de ellos. Agrio, frío, inconfesable.

Y en el nombre del poder que se me ha conferido, por todo aquello que me honra y me ata a mí misma, yo te destruyo. Te devuelvo a tu forma original: la inexistencia.

Amado, al igual que todos los demás, surgiste de la nada, y a ella regresas" (B. Pérez Rego)


Antianónimo, antienamorada, en un intento de silencio.