Como Dillinger



A la una y media de la mañana
mientras limpio con fuerza el baño de hombres
otro camarero que me ayudaba
me pregunta si realmente soy feliz con como vivo mi vida

Y yo pensándolo con calma mientras rocío detergente
                                     digo que si
que no hago esto
ni por el billete o toda la carne de Babylon
ni porque verga, la vaina este muy jodida
sino porque quizás luego de mucho tiempo
le compre una máquina de coser a mi hermana
y posteriormente a esa adquisición
me gaste unos churupos
en un par de lentes oscuros para mi
un balón de baloncesto
una chaqueta de cuero que me cubra de la lluvia
y una caja completa de helados Cali.

El pana se ríe y se va a limpiar el baño de damas.

Yo personalmente no se mucho de la vida de los poetas
                     ni de cómo debe vivir un poeta
           comer un poeta, dormir un poeta, tirar un poeta,
               o lo que sea que mierda hagan los poetas

solo sé que puedo estar tranquilo
                                    
                                       porque algunos días logre brindarle un par de pasteles y una malta
                                                                           a mis héroes, mis amigos

y porque recordaré con cariño
todos esos años
cuando limpie mesas, pisos y baños
cargué bloques, cajas, muebles
compartí la esperanza y la desolación
me emborrache y partí los dientes
enfrentándome mil y una vez
a los leones del coliseo
junto a las personas mas brillantes
y talentosas que conozco.


yo solo quiero

que en el ocaso de mis viejos
ellos me miren con la calma
que solo tienen las mujeres y hombres santos
y pasito me digan:

                 “Lo hiciste bien campeón,
                        te has convertido
         en un hombre noble, justo y humilde
                        lo hiciste muy bien”

mientras miran la ciudad
y el viento de la montaña
les sopla toditicas las canas.


Yo solo quiero una mujer
que por mas lleno de tierra que llegue de la calle

Cuando abra la puerta y me mire
me mire como una leyenda

Y no se aburra de mi
 o de cómo hago la carne
como echo los cuentos
o como me río dormido
que se acerque a besarme profundamente
sonriendo poquito a poquito al separarse de mí.

Solo eso.
No pido más.

Y así cuando llegue el día de mi juicio
Y Dios le diga al Diablo
           
           “Ajá, mira, pero ven aca
¿Qué carajos hacemos con este marico?”

Y el Diablo meditabundo se rasque la frente

Yo pueda sonreír como Dilliger
En sus carteles de se busca

Porque tuve la dicha en este mundo

de vivir
no como pude

si no como quise.

es todo.

no pido más.