El Pozo


Las veo a todas. 

Ella la de los ojos cafés en un café llamado Paris Tropical por el boulevard de los pintores cerca de la Plaza Bolívar a eso de las dos de la tarde, sorbiendo un pitillo delgado y arreglándose su elegante sombrero. Ella la de los ojos amarillos en el mercado Soto Rosa comiendo cachapas bajo un toldo morado, mientras las gotas resbalan lentamente por los bordes de una frescolita. Ella la de los ojos almendra sentada en los pequeños muebles de un restaurant chino al que le gotea el techo y hace que por la pared escurra agua, desluciendo una pintura donde dos dragones tragándose entre ellos. Las veo a  través de los años con sus rostros de: No debería estar aquí, hablándote David, con estas ganas tan malditas de besarte. De no deberías gustarme.  No debería estar enamorada de ti. De por qué carajos estás acá y aún no te abalanzas sobre mí ya, grandísimo hijodeputa. Yo solo asiento lentamente, sin decir demasiado. Ladeando una sonrisa triste y arrogante, para luego verlas con calmita directo a sus gigantes y expresivas miradas.  

No puedo estar con una mujer que no pueda entender con solo mirarla. 
Siempre mira directo a los ojos a la mujer que decidas amar. 
Así sabrás que tan profundo es el pozo. 
Así podrás decidir hasta qué punto dejarte caer. 


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