Nota Non Serviam, pegada en la nevera





Sullivan: Mejor mátame de una vez.
Costigan: Ya lo estoy haciendo. 

Los Infiltrados (2006)


Di que todo es mentira. Que no has escuchado nada. Que no estás en todos lados. Es peligroso guardar tantos secretos, David Parra. Y más cuando eres tan bueno contándolos. Escribe mejor sobre el estilo que tienes para tocar fondo, para mentir, para coger. Escribe sobre todas tu noviecitas de pelo de colores. Esas adorables cyberpunkers, sexys algodones de azúcar, psicodélicas pitonisas, neo-pin ups criollas, llenas de tatuajes y pircings. Escribe sobre ellas, sobre sus ojos enormes y lo mucho que te detestan. Tendrás más followers faramalleros pendientes de los chismes y te incluirán de una vez, en la farándula campuruza andina. Escribe sobre lo mal que te caen los demás escritores venezolanos. Sobre lo mucho que te irritan que sean tan snobs para que quieran dárselas de tukis, de lo mucho que sus poemas, manifiestos y cuentos se parecen a una obra de castellano en el liceo, donde toda la trama gira sobre malandros, mujeres embarazadas, violencia doméstica y que al final, cuando todos aplauden, el profesor da un mensaje cristiano. De que te emputa que se quejen tanto de la política pero en fondo su elite de más asco, porque a además de rotarse los premios y las coronas como el miss Venezuela -una y otra vez hasta el aburrimiento y desgaste del nepotismo y la dedocracia- da más nauseas imaginarlos follando entre ellos, porque son todos bien feos y asquerosos. Dale inténtalo, y que sigan creyendo que quieres llamar su atención, a ver si te aceptan por fin entre ellos.

No escribas sobre el tráfico de madera en la frontera, no escribas sobre los canapiares que venden bolívares en efectivo en Colombia, sobre los miles de bachaqueros. No escribas sobre la prostitución masculina en las calles de la ciudad, donde treceañeros vestidos con tacones baratos y pelucas anaranjadas de la hora loca, roban, hasta las metras en cocaína, a los peatones con paralaizers eléctricos. No cuentes que siempre salen libres porque varios jueces tienen metida la mano en ese nido de proxenetas. No cuentes como se están robando la plata con los proyectos turísticos, como están dinamitando la sierra nevada. Como mueren de frio y hambre los hombres que construyen sin paga el teleférico más alto y largo del mundo. No narres nada sobre el opio que traen los chinos, sobre las prohibiciones gubernamentales en las tiendas de brujería, ya que vinculan ciertos ritos con una serie de asesinatos. No hables sobre las peleas ilegales de pitbulls en piscinas abandonadas, sobre las peleas de boxeo clandestino en esas mismas piscinas llenas de sangre, o de las mafias inmobiliarias. No hables del tráfico de influencias en las tagüaras donde se apuestan caballos, de las escuelas de sicariato que se dirigen desde bingos llenos de viejas que hieden a pastillas fermentadas. No hables sobre las bandas armadas que mataron gente en las guarimbas, de que están todos libres, mucho mejor equipados y de que esperan en las sombras. No hables de los núcleos neo-nazis que se reúnen en secreto en residencias hig-class y como toda buena logia planifican orgias y disturbios. No hables sobre las masacres de etnias completas de indígenas, enterrados en fosas comunes por terratenientes y latifundistas en la frontera. No hables sobre los ejércitos de mecánicos que desmontan en menos de un día torres eléctricas, cables y motores de energía en la selva y los bosques para vender el acero y el cobre en Brasil. Sobre la caza y contrabando de animales exóticos venezolanos, actuales mascotas de raperos gringos y jeques árabes. Ni se te ocurra nombrar lo que pasa en la cárcel. En las cientos de clínicas de abortos, en los hospitales, donde dejan morir a la personas por tener montado negocios con sus órganos. Sobre la trata de blancas, exportación de niñas venezolanas a Asia y Europa. No hables de la pobreza, de las morgues, del hambre. De cómo toda la gente que es admirable y venerable en los medios, la política y el arte son tremendos drogadictos y traficantes.

Y si lo vas a hacer, di que todos es mentira.  

De que está en tu imaginación, de que eres un gordo en interiores frente a una computadora fabulando exageradamente para tener un blog leído. Di que eres conspiranoico, amarillista, sensacionalista. Que te encanta la pornomiseria, la pornoviolencia. Que no eres el muchacho que les sirve las mesas, que le lava los platos, que les limpia las casas, que les alquila los teléfonos, que le lava los carros, que trabaja doble turno viéndolo todo, escuchándolo todo. Diles que eres un exagerado, un atention whore. Autocensúrate. Miente, porque como dije arriba, es algo que haces bien. Es peligroso decir la verdad. El caraetablismo como mecánica social. El caraetablismo como política pública. El caraetablismo para conseguir sexo. El caraetablismo para conseguir trabajo. Porque en Venezuela, un país que arde, todos tienen el rabo de paja. Di que tienes miedo, justifícate en el miedo. Di que tienes miedo a perderlo todo. No digas que no te importa, porque en realidad nunca has tenido nada. Di en serio, David Parra, que tienes muchísimo miedo, que quieres irte lejos, que quieres escribir cuentos para niños. Di que es ficción, que no eres ni periodista, ni cronista, ni escritor. Di que eres solo un camarero que le gusta escribir ficción.

Repito por enésima vez, di que todos es mentira.

No le digas a nadie nunca, que la única forma de contar este país, es ficcionándolo por completo.

Ese será nuestro secreto.


Estás advertido.



4 comentarios:

Maily Sequera dijo...

Jefe, vale, siento que volviste. Gracias, Santo Niño de Atocha, Ánima del Pica Pica, no sé.
Esto, es importante, al menos para los que nos cansamos de leer boberías. Esto es distancia y
categoría, pura seriedad bien administrada.
Leyéndote, sentí que te admiro burda. Ya tu sa'.
Espero entonces que comience la ficción, Parra.
No me dejes con los crespos hechos.

edu salas dijo...

Ficcionalizar en este país es decir la verdad...

El Jugador dijo...

Un texto al mejor estilo entre Palaniuk y Bolaño

Anónimo dijo...

Gracias por recordarme que vale la pena vomitar lo que llevamos dentro. Gracias.