La Última Balada de Babilonia (Blood Days)




Mary se coloca la boina negra de gamuza con una estrella roja en la parte frontal. Se arregla los rulos rubios con una cola amarilla, se pone la gabardina verde militar con muchos bolsillos, mientras guarda en el bolso negro los guantes, la máscara antigás, un par de bengalas, una honda y varias metras. Frente a sus residencias está pasando una marcha enorme, multitudinaria y escarlata que cubre los cielos de Paris con humo carmesí. En el último correo que me acaba de enviar dice que la gente jamás se retirará de la calles mientras no se restituya un justo sistema de pensiones. Y que a ella no le importa caer bajo las brutales arremetidas policiales de un gobierno más fascista que socialista, además de evidentemente corrupto. Le contesto en un burdo francés, que la sangre siempre será roja y todos nuestros corazones están a la izquierda. Me recuerda con dolor, al casi finalizar la misiva, cómo desaparecieron a su hermana mayor, en los disturbios del dos mil cinco; los que comenzaron con la muerte de dos adolescentes de origen musulmán, que compartían con cientos de emigrantes norteafricanos, chinos y árabes, en los enormes bloques suburbanos a los bordes de la Ciudad Luz. Y ya, cuando casi tres mil vehículos fueron quemados, mientras daban la noticia de que los saqueos se esparcían por el interior de Europa, ella de apenas quince años, lazaba su primera roca contra un monstruoso vehículo blindado, en el famoso distrito III. Esto fue ya hace casi cinco años atrás. Yo escribía, escribía mucho, principalmente para fanzines que se traducían en catalán y en francés sobre lo que en ese momento pasaba en Venezuela. Tenía 19 años. La idea de hacer un fanzine autosostenible de corte neoácrata, con inclinaciones por la literatura, la música y el arte eran una idea secundaria que de alguna manera terminó convirtiéndose en lo que fue Acraciapourlesporcs durante un año y seis meses.

Mantenía correspondencia con mucha gente de las movidas anarquistas, desde frentes de intelectuales que querían plantear editoriales cartoneras en base del reciclaje y el abaratamiento de costos hasta radicales que creían en que la “Propaganda por el hecho” era la única salida. Yo me definía como un arrogante intelectual anarquista de centro izquierda, que en calidad de partícipe y testigo quería documentar la revolución mundial con la que soñábamos a principios de la década pasada. Había  dos chicos Argelinos, amigos de Mary, que me compartían sus testimonios como parte de frentes anti-islamófobos en pro de la libertad de culto, ya que en ese momento el estado francés había prohibido el uso de indumentaria religiosa en los espacios públicos. Cedric y Ali, sexta generación de franco/argelinos, fueron detenidos y torturados por su condición racial y creencia religiosa. Según lo que me contó Mary, uno de los guardias sacó un Corán y luego de golpearlos brutalmente, lo lanzó al suelo para orinarlo. A partir del 2011 no supe más de Mary, y la bauticé “Clodette” cuando decidí hablar de ella en los primeros Post de APLPorcs. Lo último que supe fue que se marchó directo a Egipto, diciendo que iba a ocurrir un despertar en el mundo islámico. Efectivamente por estas fechas ocurrirían los primeros disturbios de lo que los medio blancos y liberales llamaron “la primavera árabe” donde con la recién estrenada maquinaria mediática 2.0 occidente logró forzar al decadente poder norafricano a declinar, en sangrientas y brutales manifestaciones callejeras donde lo que sí se derramo, fue sangre egipcia. Ese mismo año, comencé a perder el contacto con los círculos anarquistas que frecuentaba, con quienes discutía. La gente en Argentina, Chile y Uruguay estaban bajo amenaza; muchos se fueron a Turquía o México. Chamos que por solo repartir panfletos en Lima, eran vinculados con Sendero Luminoso.

En 2011 Cedric fue apuñalado detrás de la tienda de su tío en un barrio árabe de París, mientras botaba la basura. Esa tarde había aparecido la cuarta edición de la misma revista satírica, en donde una caricatura de mahoma era ridiculizada por sus editores. Cedric y Ali esperaban clientes junto a sus tíos en la puerta de la tienda, fue entonces que un hombre conocido y frecuente amigo de la familia hizo un comentario burlón al respecto. Cuando el tío más viejo se irritó hasta hiperventilar, los puños de los jóvenes ya estaban sobre el parroquiano. El asesinato, según los correos que recibí esa temporada y los periódicos en los que busqué el hecho, eran atribuidos a un grupo de derecha radical, sin embargo nunca fue aclarado. Lo último que recibí fue un mensaje cortó que me estremeció por completo: “Nosotros nos vengaremos, de alguna manera nos vengaremos de todos. Alá es nuestro testigo, la justicia llegará a quienes nos dañan” Silencio. No les volví a escribir. Sabía a qué se referían, sabía el dolor que les había causado la muerte de su familiar, sabía la humillación social por la que estaban pasando, la cicatriz histórica de generaciones precedentes a ellos, la de sus abuelos que combatieron y la guerra Argelino-Francesa y de sus padres que fueron aplastados en los brutales disturbios de los 60',  y que solo hasta hace menos de diez años tuvieron de nuevo cabida mediática y jurídica. Sentí al otro lado del mundo cómo supuraba la herida de una familia quebrada.

No quise saber más nada al respecto. 

Cuando me enteré de los ataques a Charlie Edbo, me quedé helado. Me sentí horrorizado. Esa sensación de vulnerabilidad frente a una muerte próxima. Pensé en mi equipo de periodistas y editores, en mis amigos artistas e ilustradores dentro de un pequeño estudio siendo de repente asaltados y tiroteados sin mediar palabras. Empaticé emocionalmente con la situación. Me dieron nauseas, ganas de llorar, una cruda y animal sensación de impotencia. Cuando aún no tenían identificados a los asesinos, lo primero que pensé fue “deben ser Argelinos de mi generación.” Y luego dije: “Eso no fue un ataque terrorista eso fue un ajuste de cuentas” y resultó que lo que pensé no estaba muy lejos de la realidad, y estaba en lo cierto.

Llevo meses siguiendo el tenso panorama francés antes de las elecciones, y particularmente, lo que estaba ocurriendo posterior a la decapitación del montañista francés por los yihadistas argelinos plus el boom mediático tras la publicación de “Insumisión”, un libro del polémico Michel Houellebecq donde el argumento central muestra  una Francia en decadencia y el poder político/social/económico es tomado por los musulmanes y sus amenazadores estereotipos culturales, cambiando-destruyendo a la cultura francesa dominante, símbolo de occidente. Llevo meses pensando en la delgada línea que separa términos como “Libertad”  y “Violencia” en mi contexto como venezolano y posteriormente como ciudadano del mundo. Los eufemismos mediáticos, que se escapan de cualquier posterior juicio jurídico en donde se argumenten las palabras, los principios y las creencias frente a cosas como el homicidio, genocidio, terrorismo de estado y daños colaterales, se han vuelto las figuras retóricas más empleadas por el poder. 

Cuando ciertas posturas culturales y de pensamiento -a manos de sus fracciones más radicales- pasan a ser una “amenaza directa a las libertades individuales y colectivas de una nación”, el estado en su facción más dañina tiene el derecho constitucional (o no) de “defender” esas libertades, tomando “las acciones pertinentes” que salvaguarden los principios cívicos y morales de su país. Esto da para todos. Desde el frente ultranacionalista francés, que en mitad del hervidero mediático antilislamista se perfila como ganador en las próximas elecciones, y que argumenta de forma directa y xenófoba que este ataque no solo fue a la “libertad de prensa y expresión” sino a “los valores fundamentales del ciudadano francés” hasta las reacciones de las células europeas del Estado Islámico en donde se insta a los muyahedines a tomar la misma iniciativa sangrienta (y extrañamente personal) en toda Europa para vengar al profeta y valores más ortodoxos, patricales, castrantes, violentos y sanguinarios que profesan los fanáticos del oscurantismo islámico.

Me asusta la manera en que se esconden las visceralidades más atávicas y medievales tras la brutal semántica contemporánea de las matrices de opinión, amparadas bajo la hegemonía dominante. Y de cómo nos encontramos descontextualizados, aturdidos y enceguecidos por la dinámica esquizofrénica con la que obtenemos, distribuimos, generamos y compartimos la información. Me asusta que lo que se esconde detrás de todos los hechos más relevantes del mundo sea movido por la furia y el odio. En nombre de las libertades, individuales, sociales, de culto, políticas y económicas se están enarbolando discursos que solo admiten la destrucción completa de la parte que según quien levante la bandera, representan lo que adversan o es diferente a los valores que sostienen. Detrás de los medios de comunicación europeos desde hace 30 años hay un mensaje diario de discriminación, racismo y xenofobia tan latente como el que enarboló la Alemania de mediados del siglo XX. Y en plena revolución mediática de los medios islamitas de oriente medio y próximo, utilizando las herramientas occidentales de viralización 2.0 el Estado Islámico, plantea la alternativa  de que estés donde estés, seas quien seas y vengas de donde vengas, no necesitas pertenecer ni enrolarte en ejército de liberación, puedes comenzar tu Yihad personal, puedes cobrar venganza cuando así lo desees.


He soñado con playas hermosas donde el agua es solo sangre. Todo el mundo está haciendo de su vida una guerra individual, donde el odio es lo único que motiva las ideas, las acciones, las decisiones. Ya los asesinos de Charlie Edbo están muertos. La mayoría de los miembros de la planta editorial también lo están. Solo quedó evidenciada aún más la herida. Ya se están recogiendo fondos mediante subscripciones a la revista con un discurso antisemita; van a hacer plata de sus mártires. Ya se están repitiendo acciones similares, donde kamikazes individuales matarán en nombre del Profeta. Yo sólo pienso en que será de la vida de mis amigos al otro lado del mundo. De cómo nuestros románticos sueños de revolución son ahora un despertar amargo y oscuro. 




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