Interludio: Canción paria en clave de cumbia



“I´m a WonderLust King” 
– Gogol Bordello


“Il est minuit a Tokyo
Il est cinq heures au Mali
Quelle heure est-il au Paradis?
Manu Chao




Dios, cuida de mí como cuidaste a Elías en la rivera del Jordán, enviando cuervos para alimentarlo de noche. Protégeme como a Jonás -patrono de los polizontes e ilegales- que al desterrarse de la ciudad de Nínive, durmió bajo el árbol más hermoso de la tierra. Dame las fuerzas para aguantar el desierto. Y como Juan el Bautista, con un sólo par de zapatos, recorrer todas las millas que me separan de la muerte.

Quiero componer un himno gitano en clave de cumbia, dedicado a mis hermanos parias en los depósitos y cocinas transcontinentales. A los hombres y mujeres que comparten alegres el hambre y la risa cuando no mengua la lluvia. Nunca me ha faltado nada hermanos, quiero cantar con alegría a la vida, en el rústico slam de las embajadas clandestinas. Esas familias mestizas que comen juntas, que duermen juntas, que sueñan juntas. Yo nunca quise ser escritor. Yo sólo quería unirme a un circo ambulante, a una horda dorada, a una piara cosaca que me enseñara a dormir de pie y a lanzar cuchillos con los ojos cerrados. Amanecer cada día en una ciudad diferente, buscar el amor en esos pequeños moteles a los bordes de la carretera. No me gusta beber con poetas o prostitutas, porque al fin de cuentas, el acto es el mismo. A las putas se les paga para que se queden y a los poetas para que se vayan. No me gusta compartir comida con dandis y aristócratas. Siempre quiero volver sus galerías una escandalosa boda griega, donde se quiebren todos los platos y se bese hasta la última muchacha.

A mí me gusta emborracharme con inmigrantes, apostadores y ladrones. Con gente que no ambiciona tener nada y que en una noche pueden perderlo todo y dormir tranquilos hasta el mediodía del siguiente. Me gusta la gente que hace sangre contigo en veinte segundos y te cuenta la mejor historia de su vida. No me agradan los payasos tristones, mochadores y malditos, que viven sus días como si se hubiesen cepillado con mierda. No hay nada de qué preocuparse llave, la bebida está barata, la madrugada despejada y no hay ni un policía brujeando por la vereda. Baile sabroso compa, que bailar es el mejor tributo que les podemos hacer a nuestros muertos.

Afortunadamente, algún techo siempre me espera. Que María Santísima proteja las manos de todas esas mujeres que me han curado las heridas y hecho arepas con guarapa, en mitad de la madrugada. “¿Ya comiste David?” es lo primero que viene luego de un beso lento, mientras que con sus dedos despeinan mi cabello y ordenan el cuello de mi chaqueta. “Pasa Parra, date una ducha, come algo y duerme tranquilo mi amor. Mañana seguro será mejor.”. Las que me esperan con una tacita y un termo afuera del trabajo, que me miran dulcemente antes de despertar, que escuchan pacientemente mis cuentos sin cavilar un segundo. Que la virgen cuide sus miradas, sus vientres y sus dulces corazones.

Vámonos a Juárez, Khalessi, a que nos case una calavera. Migremos luego al Sarasvati y vendamos telas y especias a los dharmas que pintan con cúrcuma nuestras frentes. Sólo prepárame las caraotas más sabrosas del caribe mientras yo trabajo en cualquier cosa donde me aguante la espalda. Y aunque mi manejo con las lenguas sea un desastre, sé putear madres en 17 idiomas diferentes y eso siempre es más que suficiente al momento en que  los hombres sangran todos juntos. Eres la mujer más inteligente y hermosa que conozco. No mentía la vez que frente al tarot te decía, que la línea de mi vida no está mis manos, sino en las tuyas. Tranquila mujer, que yo voy a volver. Espérame en la terminal, sonría siempre, la frente en alto y el pecho tranquilo. Y mire, si es usted la que se va, nos encontraremos en el café o frontera del país que usted escoja. Por este puñado de cruces que no perderé la foto suya que guardo en la cartera. Por este puñado de cruces que no la olvidaré nunca.

En esta canción también hay par de estrofas para el gobierno y la policía. En esta canción no voy a estar cuando vengan a buscarme. Esta canción va para los funcionarios que no dejan propinas, sino sólo dejan sobras. Todos los pobres somos negros. Todos los pobres somos homosexuales. Todos los pobres somos chicanos. Todos los pobres somos ladrones. Repito, no voy a estar cuando vengan a buscarme. Conozco estas calles por más espesas que sean sus madrugadas. Conozco este laberinto y todas las trampas de su noche. Y aunque la ciudad salvaje ya no nos puede agarrar intoxicados, yo nunca me detengo cuando frente al callejón, el perro gordo que me acompaña hasta mi casa, me ladra:“¡No son Molinos mi señor, son Malandros!” Nadie se muere en la víspera, y si me atrapan, juro solemnemente dar pelea. Se metieron con el Rey de la Ratonera. Mi sangre es la de Mercuccio, la de Machera, la de Changó. Y aunque los políticos intenten ilegalizar la pobreza, nunca podrán ilegalizar la alegría. 

Solo denme un cuchillo o espacio para correr.
Nunca podrán atraparme.

No te preocupes por mí Hermana, que tú me has enseñado a vivir feliz y austeramente. A seleccionar las mejores frutas en el mercado. No te preocupes por mí, Padre, que de ti he aprendido el valor y la fuerza del trabajo duro, honesto y correcto. No te preocupes por mí, querida Madre, que de ti he aprendido el amor a las personas, los saltos de fe cotidianos y la esperanza sobre la que se construyen los sueños y futuros posibles. No se preocupen,  porque han hecho de mí un hombre bueno. Y a donde vaya, en barco, en bus o a pie, llevaré sus bendiciones, la lengua de nuestros ancestros y las costumbres de nuestra tierra. La buena fe de nuestro escapulario.

Quiero componer un himno gitano en clave de cumbia, que acompañe a todos mis amigos legales o ilegales, desde Catia hasta Sir Lanka. Para que canten alegres cuando la nostalgia los asedie y añoren la elegancia que pintan sus acentos. No tengan miedo, amigos. No tengan miedo a dar un paso fuera de las casas donde nacieron, de las tierras que los vieron crecer, donde por primera vez amaron o lloraron. No hay destierro o exilio real, cuando el mundo sólo mide lo que uno camine sobre él. Juntos mis dos manos y bendigo sus partidas. Augurando por mis dioses y los tuyos, dulces encuentros y hermosos retornos. Recuerden siempre por favor, que un hombre al fin de cuentas es sólo la suma de los caminos que recorre. 



3 comentarios:

Otoniel Mendoza dijo...

Genial viejo, genial, como siempre!

Maily Sequera dijo...

Eres un pro, Parra. Mi admiracion y mis respetos siempre. Ah, también mi regaño y mi rezo por tu bien. Antes de ponerme sentimental, diré "salud" y "llévatelo"

Anónimo dijo...

Yo tampoco te olvidaré, nunca.