La Canción de Emaús




«Love is a choice every morning»


Vengo más allá del ruido del agua. Desde donde el sol emborracha a las parteras que trajeron al mundo a mis ancestros. Vengo de allá, donde termina la sombra sobre los cañaverales y comienza la lluvia que eriza el plumaje de los pájaros.  Provengo de la quietud de una tierra que duerme y de un lugar donde Dios nos mira en los ojos de los perros. Donde las montañas son las ruinas de antiguos palacios de aire. Donde no nos preocupamos mucho por el futuro, ya que al principio todos los caballos nacen ciegos y solo en silencio se observa el milagro del fuego.

He faltado a toda mis promesas. He corrido lejos de casa y me he perdido tantas veces que para recordar mi nombre siempre recurro a mis cicatrices. He fallado a quienes confiaron en un corazón lleno de espinas. He envenenado el pan y el vino de quienes servían mi mesa. Le he quitado la corona al león para colocársela a la serpiente. Me he intoxicado en Babilonia y traicionado a mí mismo entre el vicio, la oscuridad y la arrogancia. He negado más de tres veces los nombres de quienes me aman. He sido deshonesto, mentiroso, tramposo, farsante, violento, hipócrita. He estado en el desierto y escrito el nombre de Dios en la arena mientras el diablo me ofrece una tinaja con agua salada. Una que luego de saciarme, supe que estaba llena de las lágrimas de quienes he dañado por descuido. He perdido la memoria en las frías noches de abstinencia y pedido al cielo que todo se acabe de una buena vez. La sed, la muerte, la soledad. He sido un cobarde, perdido el sueño durante meses atormentado por mi propia sombra. Mi pecho es un venado con los tendones reventados. Solo pido la redención que se le concede a las hienas o a los ahogados. 

Solo quiero regresar a casa.

Un sacerdote me dijo una vez que no se podía vivir sin amor. En otra ocasión, una bruja tomó mis manos y revisando mis palmas me dijo que me enamoraría tantas veces que cuando estuviera viejo no recordaría con precisión ninguna cara. Muchos me han dicho que de verdad no sirvo para querer porque casi todo lo que he amado lo destruyo. Todo es verdad. Una vez, en una comisaria donde me encontraba detenido por una pelea en un bar, me puse a pensar ¿En el caso de que algo me pasara, qué les dejaría a estos buitres para que le entreguen a mi familia? Hice entonces el inventario: un escapulario de la virgen del Carmen y el Sagrado Corazón, un juego de llaves con un llavero del escudo de Venezuela, un celular cubierto de cinta pegante y una cartera de cuero marrón llena de costuras por todos lados. Al morir uno simplemente es lo que lleva en la cartera y lo que tiene escrito en el celular. Revisé un poco más:  fotos de mi hermana menor, dos tréboles de cuatro hojas, una moneda de la suerte, nada -pero nada- de efectivo y unas estampitas de la Virgen de Guadalupe. Encontré también las fotos de las mujeres que he amado en los últimos seis años. Tanto en la cartera como en el teléfono había algunas. El chamo que andaba detenido conmigo me mira revisarlas y pregunta: -¿Te has disculpado alguna vez?- Yo me detengo, guardo todo y hago una mueca  de confusión. -Con ellas, con ese montón de muchachas- Me molesté mucho de nuevo y le ofrecí más golpes.  El broder hace una pausa y sonriendo argumenta: -¿Sí? ¿Y por qué no hay nadie esperando por ti afuera o trayéndote algo de comer? ¿Son muchas no? si fueras un ángel tendrías que tener una fila esperando por ti.- Hice silencio. Estaba en lo cierto. Por orgullo, estupidez o soberbia no lo había hecho nunca.

Jamás había pedido una sola disculpa en lo que llevo de vida.

Rebeca, perdón por destruir nuestro hogar, eras mi Ítaca. Me enseñaste a amar a cada criatura por más pequeña que fuera. Siempre que te recuerdo pienso en una pareja de Appaloosas galopando por las estepas de Turquía. De verdad lo siento. Nardy, perdón por haber sido tan torpe con la pureza de tu cariño. Por tanto dolor mujer, perdóname. Carolina, disculpa por no estar cuando era necesario. Por la distancia y la imposibilidad. Luisana, me arrepiento de haber sido tan imbécil contigo. Muchas gracias, porque a pesar de ello, te acercaste a cantar en la misa funeraria de mi abuela. Mi madre te lo agradecerá por siempre. Tu voz es lo más cerca que he estado de comulgar desde que era niño. Michelle… sí, fui el peor hombre del mundo, lo sé. Dorys, gracias por enamorarme en dos días para después romperme el corazón los tres siguientes y  enseñarme lo egoísta que a veces es el cariño. Grecia, no debí llamarte cretina luego de hacer el amor esa noche. Tenías toda la razón en querer dejarme afuera. Eres sin duda la mujer más amable con la que he estado, gracias por no juzgarme. María, aún conservo el boleto que iba a utilizar para ir a pedirte matrimonio. Eres la única mujer que me ha hecho pensar en casarme.  Que conste que me aprendí “Defying Gravity” en armónica y dos rutinas más de baile de Wicked para proponértelo. Algún día corazón, quizás en las Vegas, quién sabe. Adriana, fuiste la brevedad de la luz entre los apamates. La dulzura de las manzanas más rojas de Mayo. Sai, con toda la certeza del mundo eras el amor de mi vida. Nunca podré perdonarme la manera en la que terminamos por incendiarlo todo. Mientras tanto, no sé si me alcanzará la vida para pedirte pedirte perdón a ti. Siempre estás en mis oraciones, cada noche. Lo siento. Raquel, nunca merecí la manera en la que me mirabas antes de tomar el bus al Valle. Daniela, gracias por permitir acompañarte y quererme con todos mis errores. Por no prometer nada, por ser el barco más hermoso del mundo. El mar está en la mirada de quien uno ama y en tus ojos está el azul del caribe y su horizonte interminable. Perdóname por ser a veces un hombre incompleto, luchando cada día por hacerlo mejor. De verdad lo estoy intentando.
                                                                                     
Al salir de la comisaría -sin nada en los bolsillos ya que la policía se lo quedó todo- terminé desayunando con el tipo al que le había roto la cara y que me había dejado un ojo morado. Afuera lo esperaba su esposa con una expresión de no haber dormido nada en toda la noche.  Al verme me dio una bofetada y me insultó. A los minutos se calmó. -Ya que nadie va a venir por ti, te acompañamos hasta que comiencen a salir los buses- dijeron. El gesto me sorprendió. Caminamos un rato, fuimos a un puesto de pastelitos y pidieron para llevar. Mientras comíamos en la parada, la señora hizo una pausa, dio un sorbo a su café y me preguntó:

-¿De dónde dijiste que eras tú?-



Voy de regreso al lugar donde manos diminutas majan maíz hasta el amanecer. Al bosque donde anidan los sueños de los cunaguaros. Voy de regreso a los solares donde extienden parcelas de café tostado y los niños juegan a soplar sus cáscaras sobre las heridas del mundo. Voy de regreso a un lugar donde nadie muere, sino se trasforma en el rocío de las ventanas o el color de las naranjas cuando le da la luz de la tarde. Gastaré mis zapatos hasta su última capa de cuero por regresar a casa, a La Tierra Prometida. Mi casa es un altar en el centro de la montaña. Lejos de la vanidad o la vergüenza, cada gota de lluvia es compasiva con quien decide  sentirla. La voz de mi madre es un canto que invita a la sabiduría y la de mi padre a ser valientes. Ya estoy más cerca, puedo sentirlo. Junto mis manos y oro. Cavo profundo dentro de mí porque ahora sé, que entre más hondo es el pozo más pura es el agua.  





1 comentario:

Anónimo dijo...

Te amo.