8 consejos para maquetar el borrador de una novela corta




Esta semana, en varias oportunidades, me preguntaron algunos consejos para comenzar a escribir cuentos o novelas cortas. Como me encuentro en el proceso de escribir una, solté al aire y de forma muy dispersa aquellas cosas que creí pertinentes a la hora de hablar sobre la elaboración de borradores literarios. Una novela es un borrador hasta que esta vaya a la imprenta o se distribuya de manera masiva. Mientras tanto, es un objeto estético sujeto a cambios, transformaciones, borrones y tachones de diversos tipos y tamaños. El proceso de maquetación comienza muchísimo antes de escribir la línea inicial o el título del capítulo uno. Lo primero se trata de escuchar esa campana que vibra bajo el agua, de adentro hacia afuera de nuestra cabeza y nuestro ser. Esa idea que tiembla y resuena, presente a todas horas, en todo momento a cada instante del día o la noche y que no nos deja solos ni un segundo. Luego vienen los métodos que podamos aplicar para comenzar a construir el proyecto. Todo método es falible y, como la misma novela, puede variar según el caso. Pienso subir otro par de entradas a modo de workshop sobre este mismo tema, creyendo que quizás pueda ser útil para alguien más. Por acá algunas notas a considerar antes de lanzarnos a escribir:



1. Organiza tu tiempo.



Como cualquier otro trabajo, escribir requiere de un tiempo estimado de ejecución. En la mayoría de los casos cuando se trata de un escritor independiente –que no trabaja para ninguna compañía editorial, página web o como un esclavo ghost writer- podemos adaptar este horario a nuestra conveniencia. Nada de esas cursilerías de “cuando me salga y me inspire” que solo evidencian mediocridad (imagínense si un cocinero nada más cocinara cuando se inspirará o un médico solo operara cuando se sintiera a gusto) o el montón de prórrogas estilo “cuando pueda” “cuando tenga chance” ya que ningún escritor medianamente bueno se hizo a base de excusas. Como un entrenamiento físico, escoge una hora de trabajo para que la mente y el cuerpo se vayan condicionando a crear y poco a poco aumenta la intensidad. Ponte límites. Ejemplo: "Cada viernes a las 10:00 AM escribiré un capítulo de diez páginas durante tres horas y media y así en diez semanas tendré 100 páginas listas" Trabaja por páginas, capítulos o número de palabras etc. El método que te sea más cómodo. Y si vives en Venezuela recuerda incluir en este calendario los cortes de luz y tener todo debidamente guardado por si te agarra un apagón sorpresivo.    

          

2. Escoge un género.



Si se trata de tu primer manuscrito es recomendable seleccionar un género específico para trabajar. Puedes escoger entre el terror, la ciencia ficción, la fantasía, el realismo, el drama, el policíaco, el romance, la aventura, histórico o triller político -entre otro montón más- para comenzar a trabajar. En Venezuela es muy común que la mayoría de estos géneros se encuentren intactos y sin estrenar por convención, ineptitud o pacatería. Así que si eres un escritor joven queriendo hacer algo distinto tienes carta blanca con cualquiera de ellos. Una de las cosas de escribir narrativa es que esta se caracteriza por ser restringida en muchos aspectos (como lo son la estructura, la forma, el estilo, el tono) y ya al tener un género definido puedes ayudarte con fórmulas preconcebidas y estudiadas que ofrecen cada uno de ellos. La idea no se trata de construir una novela o cuento genérico usando recetas al pie de la letra. Sino más bien que, dentro de esos límites planteados por el género,  puedas crear cosas nuevas. La magia de esto se la da cada escritor con su esencia creativa. Ya cuando agarramos un poco más de nivel podemos ponernos experimentales, hacer novelas híbridas, transgenéricas, mixtas etc. Primero hay que aprender a tocar el Do Re Mi en un instrumento sencillo y luego cada quien decide si quiere volverse el jazzista más frito del barrio o la cantante de ópera mejor pagada de Berlín.            



3. Investiga.



Creo que esta es de las partes que más disfruto de escribir: La investigación. Como narrador tienes que documentarte lo mejor posible antes de ponerte a trabajar. Es básicamente lo mismo que crear el marco teórico para una tesis o un reportaje periodístico. Recopila toda la información que puedas sobre lo que vas a escribir: Libros, revistas, catálogos, almanaques, recortes, artículos de prensa, artículos de internet, monografías, videos, documentales, películas, canciones, archivos, entrevistas, pinturas, notas, teoría, apuntes sueltos, comentarios etc. Un buen narrador tiene un poco de bibliógrafo, de investigador, de reportero, de filólogo, de traductor, de ensayista, de coleccionista, de detective.  Recopila todo para tener mucho material que filtrar frente al cronograma de trabajo.  



4. Crea un esquema de trabajo.



Ya que tienes claro qué genero vas a escribir y tienes suficiente material para trabajar, filtra todo en un cronograma de trabajo. Para esto no hay fórmulas, cada quien tiene su propio estilo y ritual para organizarse. Desde las noticas metódicas y breves en una agenda de flores hasta empapelar un cuarto con mapas mentales, fotos y palabras clave. Cada quien se organiza como lo prefiere. Lo que sí es recomendable es darle nombre y apellido a ciertos ítems: ubicar en tiempo y espacio a la novela, darle sentido al marco histórico, político, religioso, cultural, económico y de costumbres al lugar o lugares donde se desarrolla la novela (no importa si ocurre en la misma cuadra donde vives o una aldea de orangutanes japoneses mutantes en el planeta Marte), hacer un arqueo básico de acontecimientos siguiendo la línea clásica del relato moderno (Inicio, nudo/climax y desenlace). Recomiendo hacer alguna línea temporal y marcar dónde se van a introducir elementos que consideres oportunos dentro de la trama y, por supuesto, elaborar el background de tus personajes.  

    

5. Construye algunas fichas para tus personajes.


Contrario a lo que muchos creen, el primer bosquejo o sketch de los personajes siempre resulta bastante breve. A veces basta con definir quiénes son, de dónde vienen, dónde están y hacia dónde van. Cuáles son sus motivaciones principales, sus miedos, las acciones más determinantes en su existencia. Sin darle muchas vueltas crea para ayudarte la ficha de los personajes con estas características, además de sus rasgos físicos y algunos psicológicos. Son los primeros trazos a grafito de un rostro y una personalidad. Todos sus matices, luces, sombras y profundidad se los irás dando mientras avance la historia.  



6. Distribuye el material dentro del cronograma pautado.



Ya teniendo el tiempo para escribir, toda la información necesaria, la línea de tu historia y los personajes solo basta con vaciarlos dentro del cronograma de trabajo. Para mí, escribir narrativa es muy similar a lo que es la arquitectura, primero se piensa el concepto, luego se hacen los planos, se elabora la maqueta, se corrigen los exabruptos, se construye y por último se habita. 


7. No Procrastines.


El enemigo número uno de cualquier escritor es la procastinación. Dejar para mañana el trabajo pendiente, evitar desarrollar una idea compleja, distraerte con cualquier cosa, posponer el horario de escritura, entrar en internet a ver videos de gatos, perder horas en el scroll de las redes sociales, descargar la ira contra con el presidente, embobarte con los videos de recetas de comida, leer listas en buzzfed, tomar siestas repentinas, reflexionar sobre qué hay en la nevera o si dejaste las hornillas encendidas, salir de tu casa a comprar chucherías, masturbarte viendo un threesome de pelirojas, tener una crisis existencial, estalkear a tu ex, decidir que es el mejor momento para hacerte una arepa, hablar por teléfono con tus padres, ver una repetición de Juego de Tronos o pensar en el suicido. NO LO HAGAS. Escribe, coño, luego sí date chance para todo lo demás.

      

8. Escribe.



Ya que llegamos hasta acá, nada de esto servirá si no escribes. Olvídate de todos los mitos sobre escritores que has escuchado, leído o creado tú mismo. Ninguno es cierto, esto es una profesión como cualquiera y por ende se lleva a cabo con constancia, disciplina y actitud. Nada de que los escritores nacen y no se hacen, que existieron genios y lumbreras, que es una ocupación para elegidos o especialistas. Deja atrás el mito del talento. Además de las langostas o el sexo anal, no hay nada más sobrevalorado en el mundo que el talento. Las cursilerías de la pasión tenla para cuando hables de los deportes que te gusta ver en tv, la música que amas escuchar o para echarle los perros a un crush de instagram. Para escribir no necesitas pasión, necesitas vocación. A uno le pueden apasionar los niños, pero la vocación es la que hace a los buenos maestros. Te puede apasionar la gastronomía, pero es la vocación la que hace a los buenos chefs. La vocación es esa inclinación positiva que se tiene por algo, sumada al terreno fértil de las habilidades que se pueden cultivar para ejercer y vivir de ello. Dichas habilidades se cultivan con disciplina. Aléjate de las poses  y de vivirte la película de lo que creas o crean los demás que es “ser” un escritor. Recuerda que trabajarás con el lenguaje así que cultiva hábitos relacionados con el mismo, como la lectura y la escritura, además de acercarte también al resto de las artes y sus códigos comunicativos, estéticos y de percepción.


Eso es todo por ahora, mucho éxito.