Por si te los perdiste: los once mejores vídeos indies del '16


Esta lista llega tarde en relación a la inmediatez que estamos acostumbrados al consumir contenido. Sin embargo, creo que como nativo digital —que devorar contenido audiovisual como un velociraptor— a veces uno debe detenerse, respirar y reflexionar sobre lo que está mirando. Los video musicales son una de las expresiones audiovisuales con mayor impacto en la década, lo que antes era una simple herramienta publicitaria para vender un disco o un single, ahora es un medio entero que pretende contar una historia, expresar inquietudes estéticas o elaborar un discurso político, intelectual, cultural. Grandes directores de cine se han acercado a la industria del video musical y lanzado sus cápsulas: pequeños films que mimetizados al alcance de la canción que acompañan generan una dinámica poderosísima. Junto a las series de TV o web, las redes sociales y un trabajo satánico de merchandising, los videos musicales se encuentran en la cúspide de su desarrollo. Esta selección —que seguramente se queda corta con todo lo que se hizo el año pasado— reúne a aquellos videos que, al centro o margen del mainstream musical internacional, sostienen un lenguaje único, poseen contenido más allá de la norma y una factura cinematográfica limpia y cuidada. De allí el tag de indie y aunque algunos sobrepasan millones y millones de visitas, tienen el seso que a veces se le escapa a las grandes productoras de contenido.


1. Jamie xx - «Gosh»

Romain Gavras es la leyenda de los videos musicales y nos trae, sin lugar a dudas, el mejor clip del año pasado. El trabajo de Gavras apunta siempre hacia una estética limpia y cinematográfica, con un trasfondo empañado de nihilismo chic, propaganda política y pesimismo poético. Los marginados —lejos de esa visión pornográfica con la que muestran la miseria algunos artistas— acá son los protagonistas (Recordar el video de M.I.A Born Free o Stress de J.U.S.T.I.C.E), que rebatiéndose contra el poder, se asumen a sí mismos como símbolos de resistencia. En Gosh de Jamie XX, un adolescente albino es iniciado y adorado como un Dios en una parís falsa con tintes ciberpunk en mitad del desierto chino. Apropiación cultural y trasgresión de íconos que diluyen las fronteras en un mundo que cada vez se cierra más sobre sí mismo. Cada toma es real —no hay nada elaborado por computadora— y la coreografía del casting es hipnotizante.


2. Mykki Blanco - «High School Never Ends»
Mykki Blanco es uno de mis héroes personales. Poeta, performer, rapero y activista; es uno de los intérpretes más duros y sinceros en una época llena de ídolos de cartón piedra. Nunca teme decir lo que piensa, defienda cada uno de sus principios hasta el final y construye una de las obras más originales de la década. En esta colaboración con Woodkid filmaron un video musical con tonos de cortometraje, donde un grupo de outsiders queers y mestizos se enfrentan en la Alemania contemporánea a un grupo de neo-nazis y suprematistas blancos. Romance perdido, nostalgia y violencia, bien desarrolladas en un drama de pandillas donde la homofobia y el racismo cobran con sangre la deuda del miedo.


3. Beyoncé - «All Night»

Lemonade es uno de los mejor films del año y Beyoncé rompe con sus propios moldes y se muestra tal y cual es luego de más de una década construyendo su propio personaje. La reina baja del pedestal, reflexiona un momento como los demás mortales y nos permite acercarnos a sus cicatrices, marcas que durante el metraje se vuelven la metáfora ideal de su concepción individual de la américa negra. Me encanta el fragmento de regreso a las raíces, ese canto a la comunidad, a lo femenino, al perdón y reconocimiento de su padre y esposo, desde la sabiduría proviene del aprendizaje y todos sus errores. Me parece brutal el detalle en donde se apropia de las palabras escritas por la brillante poeta somalí Warsan Shire y las amplifica, como eco, una plegaria.

4. David Bowie - «Lazarus»
Hablar de Bowie es redundar. Podría decir un montón de estupideces y adjetivar con “Camaleónica” a cada una de ellas, como cada rewiew que hay de él en internet. Pero no, ya todos sabemos lo grande que era y lo brutal de su legado. Para mí Bowie era un profeta, vibraba en un tono diferente a cada uno de nosotros, era un extraterrestre, un señor brillante y consecuente consigo mismo, un místico. Lazarus es el réquiem más hermoso que un artista ha escrito para sí mismo, luego de Chopin. He dicho.


5. Kanye West - «Fade (Explicit)»
Arrogante, contradictorio y siempre a punto de un breakdown nervioso, Kanye West se autodenominó a sí mismo como el mejor y más original artista de su generación. Mitad charlatán, mitad genio creativo y cien por ciento niño narcisista con issues pigmalionicos, dirige un video que quizás sea mucho más que porno para millennials y un tune absurdamente pegajoso. Pecaría de hipster si buscara más allá, pero West no nos la pone fácil desplegando un discurso sobre la obsesión central de la cultura americana: el culto a la perfección del cuerpo, apologizadada en la obscena e imponente figura de Teyana Taylor; donde apropiándose de la estética erótica underground de los ochentas, transpira, lubrica y se ensucia en la sexualidad reprimida del fitness. En una de las naciones más racistas del mundo desarrollado, Kanye nos dice sin filtro que todos nos arrodillamos frente a los reyes mulatos del mainstream —ejemplificados en él y su esposa—, con esa última y brillante toma donde los protagonistas (Híbridos de bestias predadoras) reposan y procrean rodeados de un rebaño de mansas ovejas blancas.


6. MassiveAttack  - «Voodoo In My Blood»
Masive Attack —los abuelos del trip-hop de los noventa— se lanzan una letra oscura y críptica sobre el voddo y las posesiones demoníacas, la despersonalización en manos de un ente siniestro. En el video vemos a Rosamund Pike (Gone Girl) perdiéndose a sí misma, volviéndose una extraña luego de encontrarse con un hermoso orbe flotante que parece tomar control de sus acciones. ¿Hasta qué punto nos dejamos seducir por la tecnología? ¿Hasta dónde llega su alcance en nuestras vidas? ¿Se vuelven nuestros artefactos y objetos tecnológicos una pieza de fetiche, nuestro muñeco vodoo, depósito de nuestro espíritu y nuestra suerte? Inquietudes bien planteadas en una aura ominosa que me recuerda a las escalas de color de las películas de terror de los años 70´.


7. SOLANGE - «CRANES IN THE SKY»
Solange canta sobre la dura noción de lo que es tenerlo todo pero sentirse abrumadoramente sola. Sentimental y rococó, explora en sus metáforas visuales esa crisis personal y existencial de quien encuentra lo que necesita en el mundo pero la misma belleza y contemplación no le bastan. Solange es la representación perfecta de una dandy contemporánea: preciosista, geométrica y diluida en tonos pasteles; explora sus emociones aplicando un minimalismo de catálogo y fashionista. Me encantan las tomas de este video y la tranquilidad que transmiten la manera en la que substrae belleza del tedio y aburrimiento.


8. The Lumineers - «Sleep On The Floor»
«Sleep On The Floor» fue de todo el año pasado el único video que realmente me conmovió. No sé si es porque el 2016 fue un año triste para estar enamorado, por la cantidad de desencuentros, partidas o despedidas; pero esta canción junto con su historia —entrelazadas con los otros videos de la banda— rompe el corazón y refleja las inquietudes de una generación con una deuda enorme de sueños imposibles de cumplir. Me encanta que el video comienza en este formato cuadro 1:1 (bien utilizado por Xabier Dolan en «Mommy») como metáfora de que los personajes se encuentran atrapados entre las pretensiones, responsabilidades y frustraciones de la “vida Adulta”, y luego cuando comienzan su viaje la pantalla se distiende, los planos se abren y una sensación de libertad acompaña toda la canción. Melancólica y con un romance realista, se gana su lugar como video folk del año.


9. «KENZO World»
Aunque no es propiamente un video musical sino un comercial de perfume, esta magistral y acabatrapos obra de Spike Jonze no se podía quedar por fuera. Lo primero: la coreografía de Ryan Heffington. Creo que este señor es uno de los coreógrafos más influyentes y orgánicos del medio. Sabe cómo transmitir la energía de un tema musical, producto o concepto. Tribal y agresivo, actúa como una aplanadora, sus nociones de movimiento van a un siguiente nivel. Lo Segundo: Margaret Qualley. La actriz pone todo de sí y con un trasfondo abiertamente feminista —frente a esa misma industria que cosifica a la mujer en lánguidas y tristes varas de bambú corriendo por espacio monocromáticos mientras hablan en francés—, transgrede lo políticamente correcto, va dos pasos más allá que todos y se vuelve un torbellino de energía impredecible. Lo tercero: Spike Jonze ¿Qué puedo decir de este señor sin que parezca que se lo estoy mochando demasiado? Nada más fíjense en la escena de la escalera y los espejos para que vean lo que es una clase de cine.


10. Grimes - «Kill V. Maim»
Grimes es la heroína del anti-pop, o al menos una de las que está más clara en sus ideas. Seleccioné «Kill V. Maim» porque se construye a partir de un montón de referencias que me encantan. Si me pidieran una sinopsis del clip diría que es un RPG ciberpunk de vampiros plus anime japonés ochentero que culmina en una sangrienta rave a la que llegan en un auto color chicle que le robaron a la Britney Spears del 2004. Y bueno, eso es demasiado amazing. Grimes es una artista consciente de su propia estética, una que estrambótica y divertida, sirve para explicarle a la gente que pop no es solo Taylor Swift y Megan Trainor.


11. SEVDALIZA - «HUMAN»
Con golpes electrónicos oscuros, voces que van de lo spoky a lo sensual en aterciopeladas melodías low-fi y una lírica enrarecida que sabe a conjuro de brujas; SEVDALIZA se abre paso en la escena musical internacional con un video cuyo erotismo gótico bebe del noir y la fantasía. Emmanuel Adjei compone una atmosfera sostenida por la sobriedad de la fotografía, el acompañamiento del ritmo cinematográfico con el tema, y la dulzura en la que se explora lo macabro y lo maravilloso desde el ojo indiscreto de voyeur, convierte a «Human» en una de las obras más sensuales que disfruté el año pasado. El momento en el que deja caer la capa…Dios mío santo.




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