30 años de la heroína de acción: Mujeres en el cine de balas


Cherry (Rose McGowan), una stripper que combate zombies con una protesis-ametralladora en "Planet Terror" (2007)

El cine de acción era de esos ítems intocables que parecían hechos para perdurar por lo siglos como la propaganda perfecta de la reafirmación de la identidad masculina a través de la violencia. El inicio de la etapa cúspide en los efectos especiales prometía a las grandes productoras éxitos en sus campañas de entretenimiento; triunfos en la tarea de saciar la crisis emocional y espiritual del hombre contemporáneo, la tensión irracional frente al fracaso, la demarcación de la masculinidad tras los músculos y los autos, la válvula de escape al natural homoerotismo, cosificándolo en la autorización que solo le permite al hombre erotizarse a sí mismo a través del combate, las máquinas, las armas y la mujer que contempla la victoria de dichos símbolos. 

El hombre del cine de acción aparece en los años 30’ cuando se peleaba la guerra más cruenta hasta esa fecha. Surge como respuesta al individuo que titubeaba sobre luchar por otros. La justificación de la violencia a través de la moral, la lucha cívica, la defensa personal y  la justicia dentro o fuera de la ley fue mutando en los films de soldados, las películas de gansters, los westerns, los trillers, las fanfarrias ultraviolentas y las actualmente aclamadas películas de superhéroes. Pero algo cambió. La aparición de la mujer en los films de acción hizo tambalear, discutir y reconstruir un género que parecía no haberse inmutado por casi 60 años. En una breve selección filmográfica, pretendo hacer un paneo de dichos cambios, para analizar cómo la ficción fílmica más popular del mundo se ha transformado en los últimos 25 años. 



1. Finales de los 80´y 90´: La fundación del Mito 


Hay un antes y un después en el cine de acción, desde la aparición de la Teniente Ripley en la película “Alien, el Octavo Pasajero” (1979) y el impacto que esto causó en el cine de la época. En primera instancia, ocurre un vuelco de 360 grados en la creación del arquetipo femenino. No basta con darle un arma a una mujer para que se “masculinice” y sea una heroína de acción. Lo que se encontraba hasta el momento como representación femenina en los films de balas era el estereotipo de la chica en apuros que el héroe debía rescatar, la femme fatal premio del héroe luego de vencer al mal (cualquier chica bond hasta la fecha) y las atolondradas, no muy complicadas y sensuales heroínas pulp al estilo los Ángeles de Charlie.

La Teniente Ripley era lo contrario a todo ello: determinada, profunda, estoica, justa, individualista, fuerte, racionalmente violenta (a diferencia de sus pares masculinos en esas mismas fechas) y con muy poco interés por su carácter sexual y más preocupada por la supervivencia. No solo fue el hecho del giro arquetípico, sino que la brutal interpretación del personaje por Sigourney Weaver le valió una nominación al Oscar y otro puñado de premios que voltearon sus miradas a un género tan olvidado como la ciencia-ficción de acción.

Sarah Connor en “Terminator II, el Jucio Final” (1991) Surge como una respuesta de mercadeo para combatir contra la popular Teniente Ripley. La actitud de Connor era similar a la de su competencia: ágil, estoica, huraña y hábil con las armas pero se diferenciaba por tener un carácter más cercano a la mujer americana y además era madre. Su carácter de protección familiar generó simpatía inmediata, y su rol era igual de fuerte en acción y musculatura que su contraparte masculina a la cual parecía guiar siempre y  estaba decida a destruir de ser necesario. Sin embargo, a pesar de la aceptación del público, los estudios no estuvieron muy contentos con el desplazamiento de los actores masculinos y mucho menos de la delantera financiera que estas películas le llevaban a las demás estelarizadas por hombres. La parte más machista de los consumidores veían en estos personajes “veneno feminista” o lo que es igual decir “veneno progre-comunista”, y los estudios poco a poco las fueron descartando. 

El rol de Trinity en “Matrix” (1998) parece ser un atisbo de lo que estas mujeres iniciaron. El personaje es brillante, decidido, ágil, sexualmente en control, dueña de su cuerpo y mente, estoica y determinada.  La mano derecha de Morfeo, el punto fuerte de la cinta. Sin embargo, al trascurrir la saga, su papel se vio poco a poco minimizado, sesgado, relegado a cumplir el papel de la dama en apuros, la mujer del héroe, el motivo que impulsó al elegido a hacer lo que debe. Cuando al principio se le vio como un igual en la senda del autodescubrimiento y figura principal a superar en la iniciación del héroe central. Presiones en el guion tipo “demasiado marimacha para el público” o “la gente quiere más piel” -pauta determinada por la inolvidable Leeloo en “El Quinto Elemento” (1997)- la relegaron a segundona. En definitiva, fueron transformadas o engavetadas. Ripley pasó a leyenda pero el marketing recuerda más al monstruo que combatía que a ella misma. Sarah Connor fue incluso removida de los guiones para posteriores cintas, literalmente marcaron su muerte en la ficción. La gente pedía más látex, más patadas voladoras, más escotes y la desinhibida década de los 2000 estaba en la puerta.     


2. Primera década de los 2000’: 
Sexualización Vs Empowerment 


Nikita de la franquicia "La Femme Nikita" (2010) 
El inicio del dos mil se anunció como la primera experiencia colectiva mediatizada. Daba la impresión de que todo el planeta daba un cambio en conjunto. El resurgir empresarial, el final  definitivo de la guerra fría, el clima de paz, ocio  y abundancia dio origen a una época permisiva y desinhibida. Fue la década de la mayor cantidad de luchas por igualdad de género y no solo eso, sino la restructuración mediática de la mujer occidental. Blanca, laica, profesional y madre; era el arquetipo reinante en los medios con más difusión y sus hijas heredaban una nueva característica: Eran dueñas de su propia sexualidad. Nadie -y mucho menos algún hombre- podían impedirles a las adolescentes que enseñaran el ombligo como cualquier ídolo del momento. Comienza la era dorada del popular “empoderamiento femenino” cuya amalgama de cualidades es tan amplia como contradictoria. El cine de acción dio a luz a cientos de heroínas individuales capaces de repartir puños, hacer justicia, y verse sexualmente atractivas y fabulosas mientras lo hacían. “La mujer puede hacer todo a la vez y verse espectacular al final de jornada” era el eslogan de las campañas publicitarias de los films. 


Las heroínas combinaban lo mejor de ambos mundos: copiaron los rasgos y las personalidades de las tres primeras y les dieron un carácter más “femenino” más cercano a esta nueva audiencia, que no acompañaba a su chico al cine, sino que pagaba la mitad de la cita. Resurgen los elementos del Pulp en Lara Croft “Tomb Raider” (2001) del Vamp en Selene de “Inframundo” (2003) y de la infaltable Femme Fatal en "Elektra" (2005) hasta "Nikita" (2001-2010) donde hermosas y prodigiosas mujeres, repartían acción sin dejar de ser nunca irresistibles. El látex y cuero instaurados por Trinity llegaron para quedarse y el carácter desafiante de Connor dicta la batuta del estereotipo. Alice en “Resident Evil” (2002) es la que más le debe a  la Teniente Ripley, tanto en acción, como de trama y fondo, es casi una copia idéntica de la protagonista de Alien solo que agregando el atractivo carácter claustrofóbico de su anterior rol en “Juana de Arco” (1999).



Los productores se las ingeniaron para evitar perder a las ramas más misóginas de sus consumidores, productores y actores aprovechando esta ola de empowerment femenino rozando sencillamente el borde de la sexualización. Los personajes descritos arriba -a veces muy entre líneas- tenían ciertos patrones conductuales en común: 

  • Pese a sus inigualables poderes siempre servían de apoyo a un carácter masculino, por lealtad, amor o sexo.
  • Utilizaban sus atributos sexuales para lograr algún objetivo por más mínimo que fuera.
  • Todas eran una o varias veces salvadas, rescatadas y auxiliadas por hombres en superioridad numérica o física.
  • En algún momento se desnudaban.
  • Erotizaban el cuerpo masculino por medio de la contemplación de su mirada 
  • En las escenas de acción erotizaban por completo al arma de fuego –símbolo fálico por excelencia- con una sexy coreografía, ajustada en piel, acompasada de gemidos.


Todas las representaciones de Cat Woman hasta la fecha (1992, 2004, 2012) cumplen con cada una de estas características, siempre efectivas y más evidentes en los films que participan. Vale acotar que en las entrevistas, las actrices que interpretan dichos roles siempre resaltan las características más fuertes de sus personajes. El análisis no trata de “moralizar” ni “satanizar” la proyección sexual femenina, sino de demostrar la manera en la cual evoluciona la industria. “Sex Sale” es un lema en California. 


Quorra en "Tron: Legacy" (2010)

El desenlace de este “boom” de super heroínas de acción, genera cientos de films donde el estereotipo se repite hasta el desgaste: fracasos de taquilla, personajes acartonados a muñecas inflables con ametralladoras,  fracasos de marketing en línea de juguetes, accesorios y productos, cientos de críticas y vetos por el feminismo más ortodoxo. De igual manera, el rechazo amplio y abierto de la población masculina consumidora de dichos films, actores nuevos y veteranos del género, directores del celuloide de plomo y principalmente, de los productores más ricos de Hollywood que prometieron “rescatar” al cine de acción y devolverlo a sus orígenes. 

Comienza entonces la “esperada purga” se instaura la ley del "Una mujer por cada cinco hombres" y se inicia a puerta cerrada el debate con las interrogantes: ¿Qué es un personaje de acción? ¿Se encuentra este determinado por el género? ¿Es simplemente propaganda masculina o representa una rama más, como cualquiera del entretenimiento? ¿Existe miedo a la caracterización femenina de la heroína central? ¿La desigualdad de género es necesaria para que el cine de acción se sostenga? ¿La mujer debe estar en una película de acción aunque esta promueva muchos de los valores más machistas y misóginos de la sociedad occidental? ¿Se está prestando al juego, o hay un cambio de roles? ¿Puede ser una película de acción mucho más que una oda a la violencia? ¿Puede existir la interpretación igualitaria en un film de esta categoría?

En la segunda parte de este artículo analizaremos las trasformaciones de la heroína femenina al dar inicio la segunda década del milenio

ver su nacimiento con personajes llenos de carácter y fortaleza a principios de los 90´ y relatar la toma por asalto de todas las salas de cine mundial por un ejército amplio, variado y sexualizado de heroínas durante toda la década de los 2000, entramos en la encrucijada de la segunda década del milenium, donde algunos sectores se arraigan a la vieja tradición del "Cine para el hombre americano moderno" y otros prefieren transformarse, revaluar y construir en el arquetipo femenino el siguiente paso del cine más popular del mundo.    

3. Entrada de la segunda década: 
Ley de “1x5” y cambio de reglas

 La cuestión es sencilla: Para que una película no sea demandada por sexismo debe incluir una mujer por cada cinco hombres, como mínimo. Los productores en tabula rasa, al inicio de la purga instauraron a los guionistas esta premisa como una orden. Se enfocaron en regresar al género de acción a su lugar de origen: El Neo-Noir de Nolan en la “Trilogía de Batman” (2005-2008-2012) y posteriormente en la exitosa “Incepción” (2010) La devolución del “derecho a la violencia” a los súper héroes masculinos en los atractivos arquetipos de los "Avengers" (2012) -recordar la distintas maneras de justificar la violencia en los inicios del cine de acción- y muchísimas películas colectivas o individuales estelarizadas por este panteón clásico de rambos musculosos y patriotas muy varoniles que solo tienen como misión salvar el día y rescatar a la dama en apuros. La saga de "Fast and Furious" (2001-2015) o los "Indestructibles" (2010-2015) son ejemplos claros de lo que menciono.


 Todas y cada una son un éxito en taquilla. Dentro de estas películas, el rol del personaje femenino es mínimo y a veces un calco exacto de sus predecesoras –Black Widow, en los Avengers es el pastiche de todas las heroínas nombradas en el post anterior- o simplemente están de relleno o soporte. Siempre diestras en el arte del combate y manejo de armas, de belleza e inteligencia inigualable, pero nunca demasiado intimidantes, violentas, sanguinarias o fuertes a sus homónimos masculinos.


Pero algo cambia. Inevitablemente los estudios y productoras independientes de mediano renombre, comienzan a construir nuevos arquetipos en medio de la crisis de la ficción. Estos surgen de la literatura, el replanteamiento del cine de artes marciales, de ciencia ficción y del mismo cine negro.


“La Novia” en "Kill Bill" (2003-2004) de Tarantino abrió muchísimas posibilidades. Tarantino genera dentro de su historia, replanteamientos en el carácter de la protagonista mediante el uso de lugares comunes como el western y el film clásico oriental para repotenciar su argumento. La película obtuvo criticas agridulces por su exceso de violencia pero hasta lo momentos, luego de más de una década, no se había visto personaje tan implacable como el interpretado por Thurman, en su sed de saldar cuentas, asesinar y sobrevivir. Sin embargo dentro de las motivaciones del personaje se instaura el modelo de “la mujer en revancha” donde los ítems que motivan la venganza vienen ligados a la trasgresión de los valores fundamentales en la mujer occidental. Ejem: la pérdida de la pareja, la pérdida del hijo/hija, la pérdida del estatus quo, la violencia intra-género, la lucha de clases. La justificación de la violencia parte de la reivindicación de la justicia o la revancha.

The Bride Vs O-Ren en "Kill Bill Vol. 1" (2003)
Muchísimo mejor construida y muy por encima de cualquier estereotipo, aparece Lisbeth Salander. Stieg Larsson configura uno de los personajes mejor construidos de la ficción policial actual, género que estaba muy lejos de sus años de gloria y se posicionaba de último en las ventas frente a la fantasía urbana, el comic o el thriller histórico. Lisbeth es de esos personajes que cientos de escritores pasan su vida queriendo colocar en el papel. Sus características, profundidad, actitud y decisiones construyen una individualidad conceptual excepcional. Es brillante la manera en la que Salander se cimenta como el pilar argumentativo, haciéndose imprescindible para la sostener la estructura del relato. Un personaje impresionante que esgrime su propio código ético/moral diferente del código de los personajes que la rodean, incluso del lector mismo. Muchísimo más allá de combatir en toda la trama la aplastante misoginia europea -el monstruo al que se enfrenta la heroína- su carácter y motivos van mucho más allá de cualquier análisis feminista ortodoxo o psicoanalítico simple.

Posters Oficiales de la campaña sueca de las películas  que componen "Millenium" (2009) 
Existen dos interpretaciones en el cine de este personaje. Una a manos de la actriz Sueca Naomi Rampace (2009) y otra por la norteamericana Ronney Mara (2011). La primera interpretación a manos de Rampace fue excepcional, valiéndole la nominación a más de diecisiete premios internacionales y ganando un puñado de ellos. La segunda interpretado por Mara también fue muy elogiada por la crítica, sin embargo la industria americana impuso "discretamente" sus parámetros. La Lisbeth de David Fincher se presenta como un excéntrico y sexy personaje gótico de apoyo al detective interpretado por Daniel Craig, más que como la protagonista de la película. Funge de relleno y su dramatismo parece rasguñar lo establecido como justicia por La Novia de Tarantino. La comercialización de la película también es analizable. En la versión sueca, Lisbeth Salander es la cara central de la franquicia, sale en todos los posters, en los tráileres y publicidad. En la versión americana la cara es Craig y de fondo Mara, su personaje se sexualiza innecesariamente cuando el punto más fuerte de Lisbeth es su inteligencia superior, no su atractivo físico.

Posters Oficiales de la campaña norteamericana de  "La Chica del Dragón Tatuado" (2011)
De las franquicias que hermanan el bestseller con la industria del cine comercial, surge otra heroína con alto potencial mediático: Katniss Everdeen de la popular saga distópica “Los Juegos del Hambre” (2012-2015) plantando la bandera para la heroína adolescente en el cine de acción contemporáneo. El carácter de Katnniss es sencillo, lacónico y feroz. Sus motivos iniciales son familiares y posteriormente políticos. Su accionar es militar y táctico, su principal meta es la supervivencia. Eso en resumen representa un arqueo inicial del personaje. Sin embargo a Katniss  le ocurre poco a poco el mismo desgaste que a Trinity en "Matrix". Everdeen es una piedra lanzada en el pozo del cine mainstream que genera una onda impresionante, pero que poco a poco se va diluyendo. Al principio de la saga se le ve feroz, calculadora y fuerte. Se le percibe mortífera. No es casual que su arma sea un arco, liberándose así por completo de la sexualización mediante el arma de fuego y evocando la mitología de las diosas cazadoras. Pero al avanzar, se ve forzada al romance, al triángulo amoroso –para competir con otras sagas del mismo corte- sus decisiones se ven permeadas por dichas emociones y al contrario de haberse presentado como una heroína autónoma, termina siendo dependiente y co-dependiente de los demás personajes. Su credibilidad se va al suelo, ya que al final, en lugar de ser presentada como una heroína de guerra con las evidentes cicatrices del conflicto, se ve transformada en una abnegada madre y clásica esposa. Siendo el primer paso de la heroína juvenil de acción, marcó estándares muy altos a los que llegó a rozar con muchos tropezones.

Katniss Everdeen en "The Hunger Games" (2012)
Sin embargo, la conclusión de la transformación paulatina y contundente de la heroína de acción maneja un camión de guerra y tiene un brazo mecánico: Imperator Furiosa de la película “Mad Max Fury Road” (2015) es hasta ahora, la heroína más completa del cine de balas y explosiones. No es solo el hecho de la magistral interpretación de Charlize Theron en la piel de la guerrera cyberpunk clásica, sino la manera en la cual el film se configura bajo su rol. Mad Max es indudablemente una poética película de plomo. El tratamiento del arte, el escenario, los efectos especiales analógicos, las coreografías de carrera de autos, el maquillaje y vestuario, la fotografía y espectacular colorización, construyen un relato visualmente impresionante, simple de entender, lineal y con unos personajes creíbles en el cine de acción hasta el último corte. La película no solo hace uso de la violencia como fin justificado, sino como elemento estético dominante. El balance entre los roles de género de los personajes es igualitaria, cooperativa y simultánea. No se atisba en ningún momento la sexualización de los protagonistas -Los personajes que llevan poca ropa no lo hacen bajo su voluntad, sino porque son esclavas sexuales- o se pone en discusión su capacidad física, psicológica o emocional. Ocurre además algo sin precedentes en una película de acción: El reparto protagónico que sale en pantalla incumple totalmente la regla de 1x5 mostrando más personajes femeninos que masculinos en muchas de sus escenas.

Esto logró incomodar lo suficiente a grupos de espectadores, críticos y directores que sin ningún tapujo esgrimieron la satánica etiqueta del “progresismo feminista” como punto débil de la película e incluso como factor de marketing y propaganda para vender el film. Muchos cuestionaron el hecho de colocar en roles de acción a adolescentes y ancianas, ya que esto hacía poco creíble la acción misma. A otros les incomodó muchísimo la superioridad numérica de mujeres en el plató de un cine, creído y pensado para hombres. Las feministas más radicales se dividieron en dos bandos: Las hembristas que apoyaban a Furiosa como el renacimiento del ícono matriarcal sobre la opresión masculina y las que hablaban de la masculinización de la heroína al punto de perder su esencia como mujer. La polémica fue amplia y tendida dejando mucha tela que cortar en foros, blogs y revistas de internet.


Personalmente, yo vi en Furiosa el mejor personaje del cine de acción construido hasta hoy. Y no solo por el hecho de que sea mujer, sino que en medio de la crisis de la ficción se tomaron el tiempo para repensar al héroe que durante décadas parecía ser un títere más del entretenimiento. Aplaudo la interpretación de Theron, subestimada por enrolar a un personaje de balas en una época donde el cine de autor encabeza las listas de los críticos. Aplaudo que al observar la profunda mirada de Furiosa no solo estaba llena de valentía y coraje, sino también se ve el miedo, temor y la soledad. Katniss Everdeen también grita y llora en sus films, es emocionalmente vulnerable. Pero la brillante escena donde furiosa se desprende de su brazo metálico y se interna poco a poco en el desierto y de rodillas llora frustrada al no conseguir sus objetivos, es de lo más dramático y realista que he visto en el género de acción.


Claro que necesitamos héroes, claro que hay una reafirmación y búsqueda de identidad individual y colectiva en estas películas que parecen filmadas solo para entretener. Hay una transformación de las mismas más allá de querer justificar la violencia o ser propaganda bélica para enrolarse en un conflicto armado. Se puede analizar las búsquedas del individuo observando detenidamente la experiencia colectiva más allá de cifras y números de merchandising. No se puede negar la transformación de las comunicaciones, de las artes, la literatura y el cine. En este momento nada es lo que parece y muchas cosas dadas por sentado en la modernidad y postmodernidad se tambalean. Cada vez más series de tv o internet, películas y libros replantean la esencia de sus personajes.









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