«Annihilation» Sobre la onírica senda hacia el vacío



Garland construyó el guión y el argumento de esta película a partir de la memoria sobre las sensaciones que le transmitió un libro escrito por Jeff Vandermeer, el cual a su parecer fue tal cual un sueño, una pesadilla extraña, críptica y surreal de una belleza tan impresionante que lo horrorizó de inmediato. Básicamente al terminar de leerlo se despertó, intentó nadar entre la espesa resaca que dejan las noche pesadas -—donde confundimos la realidad con los ecos de la mente— y se puso a escribir. El libro de Vandermeer es una monstruosidad, una bocanada de aire fresco entre un desierto de ideas, tan árido que ya no queda nada más que reciclar. Yo me lo devoré en un par de días y quedé maravillado y agradecido, porque en mi propia búsqueda creativa estaba cazando algo así desde hace mucho rato, pero esa es otra historia. 

En un ejercicio de completa desconstrucción intertextual, Garland hace otra obra totalmente diferente y expone una tesis que muy en el fondo es la verdadera protagonista de la película: la autodestrucción, el enajenamiento y la depresión. Leyendo varias reseñas en la red, los análisis de la película se van muchísimo por las inocuas polémicas que desató el casting y a cómo por ser una película «compleja» decidió no comercializarse en cines sino solo por internet. Sin embargo poco se habla de las ideas subterráneas bajo las que los personajes y la atmósfera se construyen, o mejor dicho apuntan a destruirse, en una catábasis onírica al mismísimo corazón de la oscuridad que bueno, queramos o no, habita en todos nosotros.

Hablar de la depresión y la autodestrucción es delicado, pero necesario. Sin tabú, tapujos o romantización, ya que es una enfermedad cuyo principal aliciente es el silencio. Es algo que va creciendo, amplificándose, tomando terreno poco a poco en nuestra mente cegando tal cual un «Resplandor» que va disgregando la esencia del ser. Los protagonistas de «Aniquilación» (2018) ya en el primer acto están rotos, la mayoría por completo, pero no es sino cuando comienzan a entrar en «El Resplandor» que van sucumbiendo a esto que, en un constante apología con el cáncer, va invadiéndolo todo. «El Resplandor» es un «Otro» cuya principal manera de expansión es la duplicación y transformación de la naturaleza que reflecta.

He compartido durante mucho tiempo con personas depresivas a niveles clínicos —yo mismo la he padecido en algunos momentos de mi vida— y, así como se desarrolla «El Resplandor» (atrapando y reflejando las células de las cosas y remezclándolas entre sí),  la depresión hace algo similar a una prisión invisible que reflecta los pensamientos entumeciendo la capacidad de reflexión, reduplicando las ideas destructivas y enajenándonos de la realidad, convirtiéndose poco a poco en un terrible impostor, en algo o alguien (en «Aniquilación» es exactamente una hibridación entre los objetos/animales/personas/cosas, una idea intersticial) que va tomando tu lugar, tu espacio, tu existencia. 

La atmósfera claustrofóbica y enrarecida es precisamente ese tránsito, esa metáfora de cómo la realidad se va difuminando hasta perder las nociones de sentido concreto y parecerse cada vez más a un sueño, uno espeso y difícil del que es muy complicado escapar. Los monstruos que aparecen a lo largo de la película me impresionaron muchísimo, inquietantes y ominosos habitando un panorama imponentemente hermoso, remitiéndome a ese espacio emocional en donde se puede pasar de la calma y la tranquilidad al pánico y el horror en un solo segundo.

La premisa que se sugiere en el film es precisamente el peor escenario de una crisis ansioso-depresiva dura: Para aniquilar a eso otro que va tomando espacio de toda nuestra vida, debemos acabar con nosotros mismos también. Garland como buen artista pesimista nos plantea que es imposible salirnos del camino de la autodestrucción  o al menos terminar enteros o siendo los mismos luego de él. Yo pienso algo muy diferente al respecto, pero por su puesta en escena quedé bastante conforme con lo que vi.

Con claros ecos a la primera etapa de «Alien» (1979), reminiscencias a «Apocalipsis Now» (1979) y un decantado tratamiento de ítems lovecraftianos, «Aniquilación» cumple con lo que promete y se convierte en un film de culto instantáneo que, a pesar de distenderse en sus clímax (fusilándose algunas cosas de otras películas rarísimas como «Under The Skin» (2013)), nos trae una buena propuesta que en un mundo post «Twin Peaks» no debería ser considerada tan difícil de entender. 



                       

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